La chica se tapa la boca ahogando un grito y mira horrorizada a Gonzalo y luego se agacha hacia el paquete. Saca el papel de regalo que lo cubre y se queda mirando, hipnotizada, el fino reloj, regalo para su padre. El tiempo se detiene mientras ella mira el desastre. Y Gonzalo la mira a ella. No sabe qué decir, un "lo siento" no sirve; un "lo pagaré" no es posible, ese reloj debe ser extremadamente caro.
jueves, 10 de julio de 2025
La chica se tapa la boca ahogando un grito y mira horrorizada a Gonzalo y luego se agacha hacia el paquete. Saca el papel de regalo que lo cubre y se queda mirando, hipnotizada, el fino reloj, regalo para su padre. El tiempo se detiene mientras ella mira el desastre. Y Gonzalo la mira a ella. No sabe qué decir, un "lo siento" no sirve; un "lo pagaré" no es posible, ese reloj debe ser extremadamente caro.
martes, 18 de abril de 2023
Carola
No sabe qué pasó. Qué jugarreta del universo hizo que lo viera, o mejor dicho, viera su foto. Desde ahí su paz se acabó.
Ya no estás en edad, se dijo. Tienes compromisos, se recuerda.
Y lo sabe, y no va a dejar de tenerlos por una foto. Pero es una foto que la persigue. Poco intercambio de palabras, tan sólo algunas por el medio frío de las redes sociales. Lo justo y necesario.
No sabe casi nada de él. Sabe en qué país vive, su edad, su figura, nada más.
Y sin embargo sueña despierta ¿dónde se le torció el camino? ¿dónde se agrietó la coraza? ¿cómo recupera la paz?
Es raro pensar que le piensa y él apenas sabe que existe.
No espera nada, pero eso no le impide soñar.
De pronto el diálogo se hace más fluido, no más personal, sólo hablan más, y eso significa que sus sueños se desbocan. Se ríe de su propia estupidez, no significa nada, sus charlas no son nada personal ni íntimas, sólo cosas generales, aunque va sabiendo más cosas de él. Con eso le basta, con eso le debe bastar. Ya no está para fantasías adolescentes, se dice, pero...
jueves, 1 de diciembre de 2022
Y llegaron los extraterrestres
Era un día normal, con mucho sol, cosa extraña por aquí, y fui a dar un paseo con mi perrita Pelusa, para que jugara un poco.
Fuimos a una plaza cercana recién hecha, linda, mucho pasto verde, bancos para sentarse, etc.
Pelusa jugaba ajena a su dueña que trataba de esquivar el sol.
Y de repente, algo pasó. Algo extraño, pero lo más extraño, es que al parecer sólo yo lo vi.
Una nave nodriza apareció sobre mi cabeza, enorme, como son las naves nodrizas. No, no salieron mininaves bombardeando al mundo ni nada. Había mucha gente circulando porque era día de feria, pero nadie se percató de que yo estaba siendo visitada por una nave. Estaba recuperándome del asombro (cerrando la boca, en realidad) cuando se abre una puerta y empiezan a salir unos ¿humanoides? pequeños, cabeza grande y ojos enormes. Por supuesto yo me resistía a creer. Pensé que había tropezado y caído y estaba inconsciente, que las luces blancas que veía eran del pasillo del hospital, pero no, de repente una voz muy de barítono me preguntó si quiero irme con ellos. ¿Admiten animales? pregunté. NO, no puede ir, dijo volviéndose hacia Pelusa. Entonces no, gracias, dije. Lo extraño es que no estaba asustada, veía a la gente pasar como si nada, era mi pequeño universo el que estaba siendo invadido y nadie notaba nada. No insistió, sólo me preguntó si me podía sacar una foto para justificar su venida a este mundo. ¡Claro! qué mal haría una foto. Tal vez allá de donde vengan también tienen revistas de papel couché, o Facebook, Instagram o alguna parte donde me haría famosa como la terrícola que no quiso ir con ellos.
Me puse en pose, no puedo decir la mejor pose porque no tengo mejor pose, pero igual me cegó su flash. ¿Puedo tener una copia de la foto? pregunté (no todos los días te saca una foto un extraterrestre). En tu casa estará cuando llegues me dijo. ¿Allanamiento de morada? en fin, lo dejé pasar, no creo que quisieran robar algo en mi casa, nada valioso hay allí.
Y así, sin despedirse, subió por el aire y entró en la nave nodriza que como una estrella fugaz desapareció en el aire.
Fui apurada a casa, llevando a Pelusa en brazos, no fuera que volvieran a buscarme y la dejaran sola, y cuando llegué no había cerradura forzada, todo estaba igual, salvo... sobre la mesa estaba la foto que me tomó el extraterrestre con una nota: "Bienvenida al universo Kaliyi ".
jueves, 1 de septiembre de 2022
INDIFERENCIA
Me urgía encontrar trabajo. No era fácil, joven, pero poca experiencia. Había trabajado aquí y allá y hubo largos períodos de cesantía.
Al fin conseguí una entrevista en un prestigioso estudio de arquitectos. Preparé mis bocetos, planos y mi poca experiencia en una ordenada carpeta. Según yo, no debería irme mal, pues no pedían experiencia previa. Era un estudio joven, aunque en poco tiempo se había hecho un nombre en el mundo de la arquitectura.
El día llegó y yo, con mi mejor traje, llegué diez minutos antes. Pasados veinte minutos, la secretaria me hizo pasar a una oficina. Abrió tan rápido la puerta que no alcancé a leer el nombre en la placa. Sentada a un escritorio estaba una mujer joven, parecía más joven que yo. Estaba mirando mi currículum y apenas levantó la vista para indicarme una silla donde sentarme.
No me sentí muy cómodo, algo me decía que no me iría bien. Sin levantar la mirada me resumió el trabajo del estudio y lo que se esperaba del candidato al que contrataran. Le tendí mi flamante carpeta y la miró pero no la abrió, la dejó a un lado y puso mi currículum encima.
Siguió viendo unos papeles y de repente se dio cuenta de que yo seguía ahí; me dijo que estaban entrevistando a otras personas y que me avisarían en caso de sí o de no. Y sin más palabras, me despidió al tomar el teléfono.
Me fui algo frustrado, no me hizo ninguna pregunta, en realidad, casi no me miró. ¿Cómo elegiría a la persona para el puesto?
En fin, con el ánimo por el suelo, me fui con la sensación de haber perdido otra batalla.
Di un par de vueltas para calmarme, y decidí almorzar en un café restaurante pequeño que encontré después de caminar un tramo.
Entré y me senté al fondo, no quería encontrarme con nadie conocido, quería ser invisible en ese momento. Además, desde allí podía entretenerme mirando a los comensales . Era hora de colación, así que empezaron a llegar grupitos a sentarse en diferentes partes. Y entonces la vi; la mujer que me había entrevistado. Entró conversando y riendo con tres compañeros.
Tomaron asiento en una mesa cercana. Me vio, estoy seguro, un segundo su mirada se detuvo en mí y siguió hablando con sus compañeros mientras tomaba asiento. Quedó a mi vista, pero en ningún momento miró hacia donde estaba yo.
Me sentí mal, no sabía por qué. Había estado en la oficina de esa mujer por lo menos diez minutos y era como si nunca me hubiera visto.
Recordé que casi no me miró, que nunca pronunció mi nombre, ni tampoco se presentó.
Y ahí estaba, compartiendo un ameno almuerzo con sus colegas, hablando y riendo como se hace con los conocidos.
Y ahí lo supe . Lo que me había frustrado y me había hecho poner hasta mal genio.
Su indiferencia. Sí, esa indiferencia con la que me trató toda la entrevista e incluso ahora.
Eso definitivamente echó a perder mi día.
Nunca supe quién era realmente, pues a los pocos días recibí un correo diciéndome que no había sido elegido. Otra frustración.
No dejo de pensar qué hubiera pasado si me hubieran dado el trabajo y tuviera que verla todos los días.
¿Me vería? ¿Se aprendería mi nombre? ¿Tendría que trabajar con ella?
En fin, me quedé sin respuestas; sólo con su indiferencia y sin trabajo.


