Mostrando las entradas con la etiqueta Cuento. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Cuento. Mostrar todas las entradas

sábado, 28 de marzo de 2026

Hada Maru





Como he estado pensando y queriendo irme a las nubes, soñé que me encontraba en un bosque encantado, pero yo era la única "humana".

Había una fiesta de todos los seres que existen pero no vemos:  hadas, magos, gnomos, duendes, ángeles, brujas buenas, princesas de cuento con bellos vestidos, príncipes azules que no se convierten en sapos, etc.

Al ver lo felices que estaban, me puse triste y me senté en la raíz de un árbol a observarlos.  La luna tenía una gran sonrisa e iluminaba el bosque con su luz alba.

Parecía que hasta las ramas más altas bailaban a un compás imaginario.

Y me dormí.  Había demasiado sosiego, demasiada paz.

Soñé de nuevo con seres encantados y me lamenté por no ser uno de ellos.

No sé cuánto tiempo pasó, pero cuando me desperté... ¡¡¡tenía unas hermosas alas y todos me llamaban Hada Maru!!!

Sonaba tan lindo que pensé que seguía soñando, pero no, ¡era verdad! podía volar, podía ver cosas que los simples mortales no pueden ver, comprendía muchas más cosas y me sentía muy veliz.

Voy a volver a dormirme, no quiero despertar y descubrir que soy una simple e imperfecta mortal.

(La foto la hizo una amiga antes de la IA)

viernes, 22 de febrero de 2019

INDIFERENCIA

Me urgía encontrar trabajo.  No era fácil, joven, pero poca experiencia.  Había trabajado aquí y allá y hubo largos períodos de cesantía.
Al fin conseguí una entrevista en un prestigioso estudio de arquitectos.  Preparé mis bocetos, planos y mi poca experiencia en una ordenada carpeta.  Según yo, no debería irme mal, pues no pedían experiencia previa.  Era un estudio joven, aunque en poco tiempo se había hecho un nombre en el mundo de la arquitectura.
El día llegó y yo, con mi mejor traje, llegué diez minutos antes.  Pasados veinte minutos, la secretaria me hizo pasar a una oficina.  Abrió tan rápido la puerta que no alcancé a leer el nombre en la placa.  Sentada a un escritorio estaba una mujer joven, parecía más joven que yo.  Estaba mirando mi currículum y apenas levantó la vista para indicarme una silla donde sentarme.
No me sentí muy cómodo, algo me decía que no me iría bien.  Sin levantar la mirada me resumió el trabajo del estudio y lo que se esperaba del candidato al que contrataran. Le tendí mi flamante carpeta y la miró pero no la abrió, la dejó a un lado y puso mi currículum encima.
Siguió viendo unos papeles y de repente se dio cuenta de que yo seguía ahí;  me dijo que estaban entrevistando a otras personas y que me avisarían en caso de sí o de no.  Y sin más palabras, me despidió al tomar el teléfono.
Me fui algo frustrado, no me hizo ninguna pregunta, en realidad, casi no me miró.  ¿Cómo elegiría a  la persona para el puesto?
En fin, con el ánimo por el suelo, me fui con la sensación de haber perdido otra batalla.
Di un par de vueltas para calmarme, y decidí almorzar en un café restaurante pequeño que encontré después de caminar un tramo.
Entré y me senté al fondo, no quería encontrarme con nadie conocido, quería ser invisible en ese momento.  Además, desde allí podía entretenerme mirando a los comensales .  Era hora de colación, así que empezaron a llegar grupitos a sentarse en diferentes partes.  Y entonces la vi; la mujer que me había entrevistado.  Entró conversando y riendo con tres compañeros.
Tomaron asiento en una mesa cercana.  Me vio, estoy seguro, un segundo su mirada se detuvo en mí y siguió hablando con sus compañeros mientras tomaba asiento.  Quedó a mi vista, pero en ningún momento miró hacia donde estaba yo.
Me sentí mal, no sabía por qué.  Había estado en la oficina de esa mujer por lo menos diez minutos y era como si nunca me hubiera visto.
Recordé que casi no me miró, que nunca pronunció mi nombre, ni tampoco se presentó.
Y ahí estaba, compartiendo un ameno almuerzo con sus colegas, hablando y riendo como se hace con los conocidos.
Y ahí lo supe .  Lo que me había frustrado y me había hecho poner hasta mal genio. 
Su indiferencia.  Sí, esa indiferencia con la que me trató toda la entrevista e incluso ahora.
Eso definitivamente echó a perder mi día.  
Nunca supe quién era realmente, pues a los pocos días recibí un correo diciéndome que no había sido elegido.  Otra frustración.  
No dejo de pensar qué hubiera pasado si me hubieran dado el trabajo y tuviera que verla todos los días.
¿Me vería? ¿Se aprendería mi nombre? ¿Tendría que trabajar con ella?  
En fin, me quedé sin respuestas; sólo con su indiferencia y sin trabajo.
Maru
Febrero 2019



viernes, 28 de septiembre de 2018

Carola




No sabe qué pasó.  Qué jugarreta del universo hizo que lo viera, o mejor dicho, viera su foto.  Desde ahí su paz se acabó.  
​Ya no estás en edad, se dijo.  ​Tienes compromisos, se recuerda.
​Y lo sabe, y no va a dejar de tenerlos por una foto.  Pero es una foto que la persigue.  Poco intercambio de palabras, tan sólo algunas por el medio frío de las redes sociales.  Lo justo y necesario.
​No sabe casi nada de él.  Sabe en qué país vive, su edad, su figura, nada más.
Y sin embargo sueña despierta ¿dónde se le torció el camino? ¿dónde se agrietó la coraza?  ¿cómo recupera la paz?
Es raro pensar que le piensa y él apenas sabe que existe.
​No espera nada, pero eso no le impide soñar. 
De pronto el diálogo se hace más fluido, no más personal, sólo hablan más, y eso significa que sus sueños se desbocan.  Se ríe de su propia estupidez, no significa nada, sus charlas no son nada personal ni íntimas, sólo cosas generales, aunque va sabiendo más cosas de él.  Con eso le basta, con eso le debe bastar.  Ya no está para fantasías adolescentes, se dice, pero...​
Maru
Noviembre 2017


lunes, 16 de abril de 2018

Y llegaron los extraterrestres


Era un día normal, con mucho sol, cosa extraña por aquí, y fui a dar un paseo con mi perrita Pelusa, para que jugara un poco.
Fuimos a una plaza cercana recién hecha, linda, mucho pasto verde, bancos para sentarse, etc.
Pelusa jugaba ajena a su dueña que trataba de esquivar el sol.   
Y de repente, algo pasó.   Algo extraño, pero lo más extraño, es que al parecer sólo yo lo vi.
Una nave nodriza apareció sobre mi cabeza, enorme, como son las naves nodrizas.  No, no salieron mininaves bombardeando al mundo ni nada.  Había mucha gente circulando porque era día de feria, pero nadie se percató de que yo estaba siendo visitada por una nave.  Estaba recuperándome del asombro (cerrando la boca, en realidad) cuando se abre una puerta y empiezan a salir unos ¿humanoides? pequeños, cabeza grande y ojos enormes.  Por supuesto yo me resistía a creer.  Pensé que había tropezado y caído y estaba inconsciente, que las luces blancas que veía eran del pasillo del hospital, pero no, de repente una voz muy de barítono me preguntó si quiero irme con ellos.  ¿Admiten animales? pregunté.  NO, no puede ir, dijo volviéndose hacia Pelusa.   Entonces no, gracias, dije.  Lo extraño es que no estaba asustada, veía a la gente pasar como si nada, era mi pequeño universo el que estaba siendo invadido y nadie notaba nada.   No insistió, sólo me preguntó si me podía sacar una foto para justificar su venida a este mundo.  ¡Claro!  qué mal haría una foto.  Tal vez allá de donde vengan también tienen revistas de papel couché, o facebook, o alguna parte donde me haría famosa como la terrícola que no quiso ir con ellos.
Me puse en pose, no puedo decir la mejor pose porque no tengo mejor  pose, pero igual me cegó su flash.   ¿Puedo tener una copia de la foto? pregunté (no todos los días te saca una foto un extraterrestre).  En tu casa estará cuando llegues me dijo.  ¿Allanamiento de morada?  en fin, lo dejé pasar, no creo que quisieran robar algo en mi casa, nada valioso hay allí. 
Y así, sin despedirse, subió por el aire y entró en la nave nodriza que como una estrella fugaz desapareció en el aire.   
Fui apurada a casa, llevando a Pelusa en brazos, no fuera que volvieran a buscarme y la dejaran sola, y cuando llegué no había cerradura forzada, todo estaba igual, salvo... sobre la mesa estaba la foto que me tomó el extraterrestre con una nota:  "Bienvenida al universo Kaliyi ".


Saludos
Maru

miércoles, 12 de abril de 2017

La mujer de la ventana

Cada día pasaba por la misma calle de edificios de vuelta a casa.  
Un día alcé la vista, no sé por qué, y en uno de los departamentos no había cortinas, o estarían abiertas, no lo sé. Se veía una mujer mayor sentada a una mesa, un poco encorvada. Me llamó la atención la actitud.  Mirando hacia abajo, hombros caídos, mirada fija.  Cada cierto tiempo levantaba una cuchara y se la llevaba a la boca. En el poco rato que la observé nunca levantó la vista.  Daba la sensación de que estaba sola.
Después de eso, pasaba todos los días y me detenía en la vereda de enfrente para observar su departamento.  Todos los días era lo mismo:  la anciana sentada a la mesa, los hombros caídos, la curva de su espalda, la mirada fija, la cuchara que subía y bajaba lentamente.
Se me volvió costumbre observarla todos los días, no podía pasar por el frente sin mirar a su departamento.  En las casi dos semanas que lo hice, nunca cambió el panorama.  De lejos no veía bien los detalles, pero juraría que incluso usaba la misma ropa todos los días. Su pelo blanco un poco rizado desordenado, sin joyas, y al parecer, sin nadie. 
Me puse a pensar en la soledad, yo vivo sola, ¿será así mi vejez? ¿Cómo se vive  cuando ya no nos queda nada? ¿Qué esperanza nos mueve a seguir viviendo?  ¿Cuándo se pierden las ilusiones?¿Qué esperaba la anciana?  ¿Esperaba la muerte junto a la ventana?  ¿No tiene familia, nadie que la vaya a ver, a acompañar?  ¿Cómo se las arregla con las cosas básicas, comprar, salir, cocinar, aseo, etc. etc.?


Su visión me hizo pensar tantas cosas.  Yo elegí vivir mi vida sola, sin casarme ni tener hijos. Tengo muchos amigos y alguna pareja de vez en cuando, pero no me comprometo.  Siempre pensé que así sería, fue mi decisión.
Ahora, al ver a la anciana en su ventana, día tras día, con su rutina de comida, pienso en si tomé la decisión correcta.  Ella, sin duda, tuvo mucha gente a su alrededor alguna vez, tal vez fue casada, tal vez tuvo hijos, nietos.  Y sin embargo se ve tan sola, tan triste, tan desolada. 
¿Acaso a mí me espera un futuro igual?  Los amigos también envejecen y cada uno va tejiendo su propia historia.  Mi familia es poca, si se me otorga larga vida ¿seré una anciana comiendo sola en la ventana, con la cabeza gacha y el pelo desordenado?
Quién sabe, debo reconocer que este descubrimiento me ha hecho replantearme mi vida.
Hoy paso más tarde, está oscuro, el departamento también, y las cortinas siguen abiertas.
Debo meditar y voy aprisa a juntarme con mi almohada.
Maru

miércoles, 5 de octubre de 2016

Flores en la basura


Cecilia es muy pobre.  Viene de  una familia disfuncional, un padre ausente, un padrastro de terror y una madre anulada por los continuos maltratos.
Cecilia vive con miedo.  En casa hay una tensión permanente. ¿Cuándo llegará él borracho repartiendo golpes?  Ni ella ni su madre se salvan.  Cecilia se pregunta por qué su madre se queda.
¡Ha escuchado tantas historias!  Sólo le queda rezar para que la situación no llegue a un punto sin retorno.
Pero al pasar el tiempo las cosas empeoran, las borracheras, los golpes y  los insultos son más frecuentes. Incluso,  Cecilia ha detectado miradas lascivas de su padrastro hacia ella y eso la aterroriza aún más.
Un día llega del colegio y hay mucha gente fuera de su casa. Vecinos, policías, ambulancias;  y a Cecilia se le detiene el mundo.  Pasó lo que tanto temía:  su padrastro ha asesinado a su madre y se ha suicidado.
Cecilia entra en shock.  Se ha quedado sola en el mundo a sus 16 años.  No sabe qué hacer.  No quiere que la lleven a un orfanato u hogar de acogida.  Sabe que nunca volverá a confiar en nadie.
Se esconde.  La Municipalidad se encarga del funeral de su madre y la familia de su padrastro se hace cargo de él.
Si pudiera encontrar a su padre.  Pero nada sabe de él.  Ni siquiera lo recuerda, ni su nombre.
Decide permanecer oculta y vaga por unos días hasta que todo se calma y vuelve a su casa.
Pero ¿cómo sobrevivirá?  Buscar trabajo, pero es menor de edad y nadie se lo dará, además, alertarán a las autoridades.
Pasa los días llorando a su madre, no come, no duerme, sólo vaga por la casa vacía.
Pronto se da cuenta de que no puede seguir así.  Volver al colegio no es una opción, llamarían a los servicios sociales.  Y decide salir a buscar su sustento.  Mendiga para comer, camina todo el día y poco alcanza para comer una vez al día.
Al final, se despoja de todos los escrúpulos y va a los restaurantes cuando cierran y sacan la basura. Ahí hay comida, casi siempre en buen estado.  Recoge y se va a su casa a comer y dormir.
Pronto cortan el agua y la luz.  Vivir así o es vivir.
Pasa el tiempo y sigue su rutina.  Se esconde de sus vecinos,  de sus compañeros de escuela que pudiera encontrar en sus peregrinajes.
No es orgullo ni rencor no pedir ayuda.  Sólo es terror, el que ha conocido toda su vida.  Por eso no confía en nadie.
Un día, en su recorrido por los tarros de basura ve a un hombre que sale de un restaurante, abre uno y tira algo colorido.  A Cecilia le entra curiosidad. No parece comida.  se acerca, abre y ve un ramo de preciosas rosas rojas.  Frescas, húmedas, lo más lindo que ha visto desde hace mucho tiempo.
Se dispone a sacarlas cuando el hombre se da cuenta y se devuelve.  Le quita las flores y le dice:
"Traje estas rosas a una mujer y, sin embargo, no las quiso; si las quieres, deja que yo te las dé."
Cecilia no sale de su asombro.  Él se las ofrece con un gesto de ternura:
"Flores para una dama que necesita un jardín."
Maru
17/7/2015

viernes, 15 de enero de 2016

La princesa


La princesa

La princesa está cansada.  Tanto posar, tanto fingir.  Le duele la espalda, no soporta los zapatos que le hieren los pies.  
Extraña la época en que llegaba a su casa y tiraba lejos los zapatos y se ponía sus viejas y cómodas pantuflas.
Eso de estrenar vestido tras vestido seguro es el sueño de toda mujer, pero ella ya está cansada de pruebas y ensayos, sólo desea un día de piyama.
Pero no puede, el protocolo no lo permite, ni siquiera en la intimidad de su palacio.  Tiene que estar a la altura de su alcurnia y de su príncipe.
Ya no hay tardes de tele viendo películas de esas tontas para llorar, comer palomitas de maíz al por mayor y poner las piernas en alto.
Ya no puede hacerlo.  Siempre la vigilan, no puede salirse de la dieta, no puede siquiera despeinarse.
Vive en una jaula de oro.  A su príncipe casi no lo ve y no pueden hacer una vida normal de pareja.  Nada de caminar solos de la mano, de ir al cine, de escaparse un fin de semana a cualquier parte.  Ya no recuerda la comida casera que preparaba su mamá.  De la comida chatarra ni hablar.
¡Ha ganado tantas cosas!  ¡pero ha perdido tantas otras!

¿Y si… y si un día despierta y se ha convertido en rana?

Maru
8 de enero 2016



martes, 7 de abril de 2015

Una extraña carta



Un señor escribió a un hotel la siguiente carta:
Me gustaría viajar con mi perro. Es muy limpio y muy bien educado.
¿Tendrían la amabilidad de dejarlo pasar la noche en mi cuarto de hotel que he reservado?
Recibió la siguiente respuesta:
Manejo este hotel desde hace muchos años. En todo este tiempo, nunca tuve un perro que robara toallas, ropa de cama, vajilla o cuadros de las paredes. Nunca tuve que echar a un perro a mitad de la noche por estar borracho o hacer escándalo. Y nunca tuve un perro que se escapara sin pagar la cuenta.
Sí, de acuerdo, su perro será bienvenido en mi hotel.
Y, si su perro es su aval, usted también será bienvenido.


One man wrote to a hotel the following letter:
I would travel with my dog. It is very clean and very well educated.
Would they kindly let spend the night in my hotel room I have booked?
He received the following response:
Handling this hotel for many years. In all this time, I never had a dog steal towels, linens, dishes or pictures on the walls. I never had to take a dog to the middle of the night for being drunk or make scandal. And I never had a dog that ran away without paying the bill.
Yes, I agree, your dog is welcome at my hotel.
And, if your dog is your guarantee, you will also be welcome.

Saludos
Maru

miércoles, 25 de junio de 2014

Mujer

Mujer, cómo no advertiste.  Cómo no intuiste cómo sería tu vida al unirte a ese hombre.  Lo hiciste con la imprudencia de quien sabe que le queda poco tiempo.  Era otra época, lo sé.  Pagaste caro tu apuro.  No pensaste que el amor es el ingrediente principal de un matrimonio.  Sin él, no hay nada.  Es cierto, cuesta mantenerlo, pero si no empiezas con él ¿cómo lo haces con el natural desgaste? 
A la primera señal ¿cómo no huiste? Cómo no pensaste que la violencia es un espiral y que después de las disculpas, los perdones y las lágrimas habría otra y otra y otra vez.
Cómo no advertiste en su mirada que no ibas a ser feliz.  Cómo te cegaste, cómo no pusiste atención a los detalles, que decían a gritos qué tipo de hombre era.
Luego fue tarde para ti, dos hijos a los que criar, mantener, educar.  En tus tiempos no era cuestión de decir “me voy” o “te vas”, había que quedarse porque económicamente dependías de tu marido.  Pero no era tu caso, siempre trabajaste, tenías una profesión, trabajaste incluso más que él.  Mientras él se iba de parranda, tú trabajabas, cuidabas de tu casa, tus hijos y sufrías en silencio.
¿Por qué no te fuiste cuando aún era tiempo? 
¿Por qué ahora tengo que visitarte en una tumba y llevarte flores que se robarán o marchitarán muy pronto?
¿Por qué no pudo llevarte flores frescas alguna vez?  ¿Por qué no entendió que sin ti, él no era nada, como claramente lo sabe ahora entre rejas?
¿Y ahora qué harán tus hijos?  Perdieron a su madre y perdieron a su padre, que poca pérdida es, en realidad.
Y todo por no estar sola.
Todo por decir “mi marido…”
Todo por no ser diferente, por no ser parte de esa minoría que se queda sola.
Maru-junio 2014


miércoles, 11 de diciembre de 2013

Luz



Luz está sola y aburrida.  Y empieza a navegar por internet.  Encuentra una página para conocer gente, de todos los sexos y de todas partes del mundo.
Nunca ha tenido contacto con esas páginas, pero ahora le da curiosidad y se inscribe.  Pone su nombre medio cambiado y no da muchos datos personales, pero los que da, son verdaderos, como su sexo y su edad, y en qué ciudad y país reside.
Pone una foto y al poco rato le empiezan a llegar mensajes de todas partes.  Ella no quiere conocer a nadie, no está buscando aventuras ni pareja ni nada. 
Descubre que puede filtrar su búsqueda y elige conocer gente sólo de su país y en un rango de edad parecido al suyo.
Y llegan mensajes, algunos muy educados, otros no tanto.  Contesta algunos,  muchos le piden su messenger, su celular  o le piden que los llame, etc.  A esos los rechaza enseguida.
Otros en cambio, la saludan, se presentan, le preguntan a qué se dedica, le dicen qué bonita es en la foto, si es ella en realidad, etc.
Uno de ellos es Carlos.   Le pregunta dónde está tomada la foto porque cerca de donde él vive hay un paisaje parecido,  y sí, es de donde él suponía.
Empiezan a conversar y él le cuenta más sobre su vida, en qué trabaja, su estado civil, su edad, en fin, cosas.
A Luz le parece bastante sincero, así que inicia una amistad con Carlos, que vive muy lejos de ella.  Mejor, así él no le pedirá conocerse personalmente, como suele pasar.
Pronto descubren que tienen muchas cosas en común:  música, pasatiempos, deportes, películas, etc., y hablan mucho sobre esos temas.
Pasa el tiempo y Luz se alegra de tener a ese amigo que rellena sus horas de soledad, pues vive sola y no tiene pareja después de una ruptura reciente.
Al poco tiempo, está ansiosa de llegar del trabajo para conectarse y encontrarse con Carlos.
Y la amistad se empieza a convertir en otra cosa, cambian los temas de conversación a cosas más personales.  Se mandan fotos por privado, no por la página y se gustan.  El es muy guapo y ella no es una tremenda belleza, pero es bonita y es suficiente.
Y como suele pasar, llega la ilusión, la emoción, el sentirse conectados  más allá de un computador.  Después de unos meses, la amistad se convierte en algo más y los dos se enganchan muchísimo y empiezan a soñar con conocerse, con vivir juntos y todo eso que hacen las parejas cuando se enamoran, si es que alguien se puede enamorar de una persona a quien no conoce y que no puede estar completamente segura de que es quien dice ser.  ¡Hay de todo en la red!  Ha escuchado y leído historias  terribles y también sabe de otras que han terminado muy bien, matrimonios, incluso entre personas de diferentes países.
Y ellos empiezan a soñar con que Carlos se vaya donde ella, busque trabajo en su ciudad y vivir juntos y ser felices y comer perdices.
Pero la realidad siempre tiene que despertar a la gente que se duerme y después de muchos planes, se dan cuenta de que no es posible.  Él le dice que tiene que velar por sus hijos que están próximos a entrar a la universidad, que su matrimonio no es bueno, pero son muchos los años,  y las razones “normales”.
Luz se desilusiona, pero en el fondo siempre supo que era una linda utopía pero que no era tan fácil.   Que un hombre  deje a su familia por una mujer a quien no conoce personalmente, que vive a montones de kilómetros, que no sabe su historia de vida, ni ella la de él, no es viable para ellos.
Así que se distancian, los correos son menos frecuentes y menos tiernos que antes.
Luz entiende, pero no quiere volver a sentirse tan sola, así que trata de mantener el contacto y lo logra, pero ya no es lo mismo.  Pero aun así, siguen en contacto, por los temas en común que tienen.
A veces él desaparece, ella no insiste, pero no pasa mucho tiempo y le manda un correo para saludarlo o cualquier  cosa para saber de él.
Y así pasa mucho tiempo, años, él al final se separa de su esposa y se va a vivir solo en una casa que está al lado de la casa de sus padres, a la que le hace los arreglos que necesita para vivir solo.  Es bastante ermitaño y disfruta de su soledad.
Luz sigue tratando de mantener el contacto, a veces él le contesta, otras recibe una palabra, a veces nada.
Y sigue pasando el tiempo, de repente él le cuenta que tiene una pareja pero que no viven juntos y se ven poco, Luz le hace bromas, pero no se involucra mucho en el tema.  Y ya no intenta mantenerlo interesado, sino que lo deja.  Y pueden pasar meses sin saber de él y de repente algún correo.  Ella hace pocas preguntas, le habla más de sus aficiones en común, no le pregunta por su pareja, sino por  su trabajos y cosas “seguras”.
Pasan años en toda esta historia y el contacto cada vez es menor.  Pasan meses en que no hablan, de repente hablan mucho y de repente, otra vez nada.
Y cuando han pasado ya como cinco años, un día a ella se le ocurre escribirle como si nada, para saludarlo y empiezan a hablar.  Él no le habla de su pareja y ella no pregunta, por lo tanto no sabe si aún la tiene.  Pero hablan de otras cosas, qué has hecho, cómo estás, tu trabajo, el tuyo, etc.  Sus hijos ya están los dos en la universidad y él sigue viviendo solo.  Tampoco le pregunta cómo es la relación con su ex esposa ni nada, sólo temas no muy personales.
Y  en un tiempo que han estado en contacto varios días, Luz encuentra unos correos de la primera época en que se conocieron, cuando se decían cosas tiernas y cariñosas y decide hacer algo atrevido:  le reenvía uno de los  correos que él le escribió con frases lindas y le pregunta si se acuerda y qué piensa de aquellos tiempos.  Él no contesta, pasan varios días, ella no sabe si escribirle o no, y al final medio en broma le escribe y le dice si el recuerdo lo superó.
No recibe contestación hasta varios días después donde él le dice solamente que tiene mucho trabajo.
Y ella le dice que ella sólo le hizo una pregunta, pero que no se preocupe, que por su silencio sabe la respuesta.
Y él le dice que si se refería a la página de amigos, para él fue importante en su vida… demasiado…(textualmente) y que no sabe si fue para mal o para bien.
Y ella le contesta que para ella sí fue importante,  que lo quiso mucho y que era un recuerdo lindo para atesorar y que sabía que no le volvería a pasar nunca más.
Él le dice que nunca diga nunca jamás; ella dice que sabe que nunca más porque nunca más conocerá a nadie como él por internet y que nunca más entrará a ese tipo de páginas porque él se puso indiferente y duro y eso le dolió y  que ni siquiera lo había conocido personalmente  y que no iba a exponerse nunca más a lo mismo.
Y él le pregunta si lo quiere conocer.  Ella se queda sin aire, y le dice que le gustaría, pero están tan lejos, su trabajo, etc.
Y él le dice que se puede arreglar.  A Luz le salta el corazón, ¡Dios! Después de tanto tiempo  ahora él quiere conocerla y está dispuesto a hacer algo para hacerlo.  Casi no lo cree y no se lo toma muy en serio, pero parece que Carlos sí habla en serio.
Y, como es ya tarde en la noche y al otro día hay que trabajar, se despiden y quedan en hablar otro día.
Luz se queda despierta pensando si será verdad y rememorando todo lo ocurrido durante todos esos años, el enamoramiento, el término, los miles de correos intercambiados, los tiempos en que no sabía nada de él, los correos de una sola palabra como respuesta, tantas cosas y piensa por qué ahora, después de tanto tiempo, él deja ver de nuevo sus sentimientos.

Luz no sabe si lo conocerá o no algún día, le dice a Dios que se haga su voluntad y espera… sólo espera a que un próximo correo diga qué pasará.
Maru

viernes, 25 de enero de 2013

Dos palabras

Había un señor que les tenía fobia a los signos de interrogación.  Pero era lo bastante inteligente como para saber cuando le hacían una pregunta aunque no tuviera los signos. No sé a qué le tenía tanto miedo, pero así era su vida.

Lamentablemente, a pesar de ser bastante inteligente, hay dos palabras que nunca aprendió:  empatía y asertividad.
La empatía es la cualidad de sentir conexión con los demás, de ponerse en sus zapatos, y entender sus sentimientos o motivaciones. 
La asertividad es una habilidad de comunicación, de expresar de forma natural los pensamientos, deseos y convicciones. Hay personas que pueden ejercitar ambas cosas, una, o ninguna.

Me parece (puedo estar equivocada), que el hecho de este señor bastante inteligente esté comunicándose con alguien y de repente desaparezca sin despedirse por días, semanas, y no se comunique hasta que prácticamente lo obliguen,  es una muestra cierta de que este señor bastante inteligente, lamentablemente para él, no aprendió las dos palabras mágicas.  Reemplazó a las personas por computadores, libros, películas, etc., lo cual lo alejó cada vez más de la gente que quería ser su amigo.

Y así, cada vez se iba quedando más solo.  Y aunque dijera que eso le gusta, no le creían, los seres humanos recibimos la bendición de comunicarnos y es esencial para nuestra vida.

Diferente es no querer comunicarse con una persona en particular;  pero eso se soluciona también con palabras simples:  "no quiero escribirte ni que me escribas". 

Lo tratado era tan simple y tan difícil para el señor bastante inteligente, que los pocos amigos que le quedaban, al no encontrar empatía ni asertividad en este señor bastante inteligente, se fueron retirando,  y un día este señor inteligente, sólo pudo hablar en su trabajo, donde no hay amigos.
  
Qué pena por el señor inteligente, que no supo darse cuenta a tiempo y aprender las dos palabras.
Pero, a todos nos llega el momento de mirar para atrás y preguntarse "qué hice de mi vida?" (perdón por el signo, pero era necesario), y tal vez sea muy tarde para recuperar el tiempo y los afectos perdidos.  Y ya no habrá vuelta atrás.
Maru


                 

viernes, 5 de octubre de 2012

Diego...


Diego se pregunta qué se hace en estos casos. Nunca le había pasado. Formó una familia, no basada en el amor, es cierto, pero ya lleva muchos años de matrimonio, tiene dos hijos y su vida ha sido bastante rutinaria.
A veces logra quedarse a jugar fútbol con sus compañeros después del trabajo. Eso, cuando ella no le hace algún escándalo. Eso lo tiene bastante amargado, siempre pensando lo peor, siempre sospechando, siempre celándolo.

Pero un día, todo cambia; ve en la calle a una mujer que lo deja sin aliento. Va por su mismo camino. Tal vez trabaja cerca de su oficina. No sabe qué le pasó, se encandiló con ella.
Todos los días trata de coincidir con ella. Sólo para mirarla, aunque sea de lejos. No se decide a seguirla; es muy tímido y podría ser un momento incómodo.
Pasan unos días y no puede dejar de pensar en ella ¿qué hace? ¿dónde vive? ¿es casada?
Empieza a distraerse, en su trabajo y en su casa, a veces se queda con la mirada perdida, pensando en ella.
No se atreve a abordarla para conocerla, pero se muere de ganas de mirarla de cerca, de ver su cara, sus gestos, sus ojos, su sonrisa.
Cada día es más frecuente soñar despierto.

Su esposa se da cuenta de que algo ha cambiado. Lo interroga, lo cela, le grita que si tiene otra se vaya; lo sigue, pero nunca lo pilla en nada, porque él nada hace, sólo añora a una mujer que no conoce, pero que no se va de su cabeza, de sus sueños, de su alma.

Diego no entiende, nunca le había pasado y no sabe qué hacer.
Pero, ¿qué se hace en esos casos? Diego quisiera saberlo y saberlo ya, antes de volverse loco.
Maru

martes, 25 de septiembre de 2012

ANA


Mirando hacia la oscuridad o dentro de ella, Ana se preguntaba  ¿hasta dónde y hasta cuándo decir no?, sentía que poner un mar o un metro de distancia era demasiado complicado y era una decisión de costos y de pérdidas y éstas han sido siempre tan dolorosas, tan grises y una carga muy pesada de llevar.  Pero, permitir que todo lo propio se extraviara, que la sonrisa y su voz cantora se apagara era también un peligroso viaje al abismo.
Finalmente se quedó dormida, y al comenzar la mañana cuando la luz del día es más bien azul, se puso de pie, ordenó sus cosas y decidió que le ponía punto final a esta etapa de la vida, para iniciar otra, para atreverse de nuevo y para intentar recuperar la libertad perdida, pero eso le generaba mucho miedo... y se fue buscando una historia que le permitiera decirse a sí misma que el cambio de ruta era posible y que aún no tenía un mapa que le ayudara a emprender nuevos pasos... sin culpas.

Una amiga de Ana (una rulosa, no sé si la conocen), un poco loca y con afán de escritora, le decía que el tiempo y la distancia curan todas las heridas, y, aunque era consciente de que era algo más que eso, no podía evitar pensar que Ana en su encuentro debía afrontar las dudas, las certezas, los encuentros y desencuentros, dejarlos fluir y dejarse ser.... la felicidad es una actitud y aunque no siempre resulta fácil asumirla depende de lo que intentemos hacer y de las cosas que queremos ser.

-Ana, la felicidad no puede ni depende de si nos equivocamos en el camino de este arte que es vivir, depende de que amemos lo que tenemos , lo que es posible y también de amarnos a nosotras mismas...

-Sin culpa Ana, sin culpa.

(Para Ana, en su afán de independencia, - 1996 – nunca supe si lo consiguió)

miércoles, 12 de septiembre de 2012

EL IMPOSTOR


EL IMPOSTOR



Llegó vestido de gran señor, elegante, seguro de sí mismo, un hombre de mundo, culto, hablando idiomas, vivió en muchos países y visitó otros tantos. Se nota que no pasa necesidades económicas, ésas que a ti te carcomen la cabeza.
Se siente en libertad de tomar tu mano, en llenar tus espacios. Casi no lo crees.
Tus días de tristeza se esfuman en sus brazos, ves arcoiris de colores y lo quieres así.
Es reservado, quisieras saberlo todo de él, pero te da información a gotas; pero estás tan ilusionada que no ves las casi imperceptibles señales de que algo no cuadra.
Hasta que un día discuten y muerdes tu rabia y abres los ojos y sospechas.
Es demasiado perfecto. No puede ser. Nadie lo es.
Buscas en Internet las empresas que dice tener y en vez de eso, lo encuentras en todos los lugares de búsqueda de parejas y/o amistades.
Ahí está, en todos, la misma foto, distintos nicks.
A veces es paisano, otras extranjero. A veces es empleado de banco, otras es empresario.
Como habla idiomas, tiene contactos en todas partes.
Te preguntas cuántas tendrá aquí que tú no sabes y te explicas varias cosas.
Como tampoco eres tonta (bueno, a veces sí, como en este caso), en una conversación casual sacas el tema. Niega, se ríe, son tonteras, no tengo tiempo para esas cosas, además, todo lo que ahí dicen son mentiras. No lo sabrá él.
Quisieras lanzarte como araña a su imperturbable cara, decirle mentiroso y tantas cosas, pero decides ser digna y le dices "me voy".
Ves pregunta en su cara ¿por qué? "porque eres un impostor mentiroso". Nada dice, ya no mira, ya te olvidó, ya no existes, total, tiene otras "amigas" en la red.
Tú te remangas las lágrimas y te vas. Llegas a tu casa, abres Internet y te inscribes en todas las páginas donde él está inscrito. Esa será tu venganza, si él es un mentiroso impostor, tú también puedes serlo.
Será un juego, lo abordarás en forma anónima. Jugarás su juego, y si le haces daño, mejor, piensas dentro de tu no pensamiento.
Sabes que mañana no harás nada y empezará el duelo.
Maru

sábado, 1 de septiembre de 2012

IRMA


Irma se pregunta por qué el elástico no se corta de una vez y termina esta tortura.  
Él no la deja ir ni la retiene.  Ella no sabe si la quiere o no.  Cuando logra alejarse de él, y se promete que nunca más dejará que la haga sufrir,  él aparece, o como un príncipe azul, o como un niño consentido reclamando su atención.
Otras, le diga lo que le diga Irma, que lo dejará, que lo borrará de su mapa y de su memoria, que no sabrá más de ella, él no se da por aludido, simplemente no se entera.
Irma se desespera, no sabe si es para la risa, o para llorar.  
No ha sabido de él hace un tiempo, no la ha llamado ni ella a él.  Mejor así, tal vez el elástico se haya cortado.
Pero él reaparece y le manda mensajes subliminales sobre que hará algún feriado largo que se avecina, que irá acá o allá.  Irma ya no sabe si está paranoica, no sabe cómo todavía lo mira siquiera.
No es feliz, obviamente, a ratos se desespera, no sabe qué hacer.  Trata de que nada le importe ni le haga daño, pero no lo logra.  Sufre angustias varias y sabe que es él, siempre él.
Le gustaría que se fuera lejos, necesita fuerzas, no puede más con esto.
Ahora no la molesta, apenas le habla, no tira del elástico pero tampoco lo suelta.
Irma no sabe qué esperar, sabe que es un asunto no resuelto y también sabe que es probable que aparezca de repente y como si nada.
Un día la llama para decirle que necesita hablar con ella, que se junten.  Irma no sabe qué pensar.  ¿Es para un adiós definitivo?  ¿Es para decirle que la quiere?
NO, es para reprocharle su distancia, su indiferencia;  que lo ha herido y ha pasado muchas noches dándole vuelta al asunto y que hace días que estaba pensando en hablar con ella.
Irma no sabe qué decir, se atora, quiere llorar y se queda callada.  Él espera un momento y le dice:  ¿y? ¿volvemos a ser amigos?
Irma calla, ve un gran elástico tenso, a punto de cortarse pero que no se corta.  
Lo mira a la cara y le dice:  "¿ves esto?" y dibuja en el aire una línea que sale de ella y llega hasta él.  Él no entiende y ella le explica:  "Aquí había un elástico que cuando yo lo tiraba tú no lo soltabas, pero cuando yo lo soltaba tú lo tirabas fuerte, y siempre me hacías rebotar contra ti, una y otra vez.  Pero ahora ni tiro ni suelto.  Ahora lo corto.  Hoy te digo adiós, y ahora no hay elástico que puedas tirar para hacerme volver".
Reúne todas sus fuerzas (las pocas que le quedan), y se va, despacio, paso a paso, perdida en la calle, dejando trozo tras trozo de su corazón en el pavimento.
Maru, agosto 2012

viernes, 17 de agosto de 2012

Gonzalo



Gonzalo siempre soñó con ir a la universidad.  Pero su familia es pobre; tiene tres hermanos menores, por lo que está obligado a estudiar y trabajar.
Su padre se marchó cuando la menor de sus hermanos nació.  Su madre quedó sola manteniendo a sus hijos a duras penas.
Gonzalo, apenas sale de clases, va a su casa, come algo y corre a su trabajo.  El único trabajo que pudo encontrar fue de pulidor de mármol en una empresa que hace lápidas para funerarias.
Su mundo ya es bastante oscuro para hacer ese trabajo, pero hay que llevar dinero a casa.
Un día tropieza con una chica que lleva un paquete algo incómodo, al parecer.  Y ese paquete vuela por el aire y cae con un estrepitoso ruido.
Gonzalo se abalanza a cogerlo, pero ya es tarde.Sabe que se le viene encima una tragedia.  
La chica se tapa la boca ahogando un grito y mira horrorizada a Gonzalo y luego se agacha hacia el paquete.  Saca el papel de regalo que lo cubre y  se queda mirando, hipnotizada, el fino reloj, regalo para su padre.  El tiempo se detiene mientras ella mira el desastre.  Y Gonzalo la mira a ella.  No sabe qué decir, un "lo siento" no sirve; un "lo pagaré" no es posible, ese reloj debe ser extremadamente caro.
Sofía sale de su estupor y mira a Gonzalo.  Al ver su cara no sabe qué hacer, si enfurecerse, si llorar, si huir sin decir nada.  Pero no, algo tiene que decir, el tiempo se ha detenido y tiene que volver a la realidad.  Pero ¿qué realidad?  El costoso reloj que mandó a hacer tanto tiempo atrás especialmente para su padre ya no existe.
La cara de Gonzalo es de pánico.  Ella nota su rigidez y se imagina por qué.  El dinero, eso es, él sabe que era caro y que le costaría un año de trabajo pagarlo.
Todos los sueños de Gonzalo están en el suelo, en diminutos trozos de vidrio.  ¿Qué le dirá a mamá, a sus hermanos?  Tendrá que guardar sus sueños en una cajita de madera, todo el futuro que pensaba construir.
Mira a Sofía y se da cuenta de las diferencias:  ella con ropa de marca, peinado de peluquería, uñas perfectas; y, después, sólo después, la mira a los ojos.  Ella lo ha observado todo el tiempo.  Se debate entre cosas que no entiende.  El reloj pierde importacia.  Todo desaparece, sólo están ellos, pupila con pupila, en un día en que el destino se presentó y Sofía y Gonzalo no pudieron evitarlo.
A veces tropezamos con la pasión, y si no la reconocemos, el mundo se vuelve inútil.
Maru - agosto 2012

domingo, 5 de agosto de 2012

Pamela...

<
Pamela es una buena chica.  Tranquila, serena y muy tímida. Trabaja en una mediana empresa en el Depto. de Contabilidad.
Nunca ha tenido problemas, pues hace bien su trabajo, socializa cuando  debe, pero su verdadero mundo es sólo suyo y lo guarda en su corazón.
Ahora, está nerviosa, destruida, asustada, avergonzada y no sabe qué hacer ni en quién confiar.
No sabe en qué minuto fue; en qué mundo estaba cuando aceptó.  Y ahora las consecuencias estarán a la vista en pocos meses.  No le importa lo que los demás digan, pero sí le importa lo que él diga, haga o cómo reaccione.  ¿Cómo decírselo?  ¿Cómo decirle que el día que llovía a cántaros y se ofreció a llevarla le cambió la vida para siempre?
Debería haberse negado, o, por lo menos, negado las otras veces.  Pero no lo hizo y una cosa lleva a la otra y... 
Tiene que verlo todos los días, él en su oficina de gerente, ella en su cubículo con sus compañeros.
Él pasa, a veces aminora el paso y la mira; ella baja la vista.  Otras, pasa rápido y la mira de reojo.
Le ha rechazado dos invitaciones, él no sabe qué pasa, nunca la trató mal, al contrario, le parecía la criatura más frágil y etérea que había conocido.
¿La amaba? no quería saberlo, pero cuando lo pensaba su corazón se desbocaba.
Cuando habían salido, ella decía poco, pero ponía atención a lo que él hablaba.
Pamela se sentía tan tonta, tan de todo... ¿Cómo dejó que esto pasara? ¿Cómo no midió los riesgos y tomó precauciones?, ya no es una niña.
Lo que más le atormenta es cuando él lo note ¿imaginará siquiera que ese hijo que espera es suyo?
Pamela sufre en su cubículo, disimulando ante los demás.
Él sufre en su oficina de gerente. A él le cuesta más disimular y está tenso, enojado, desconcertado.  Los demás comentan:  "¿qué le pasa al jefe?, antes no era tan idiota."
Pero nadie sabe lo que cada uno sufre; nadie sabe qué pasará en el futuro.
Maru - agosto 2012

jueves, 5 de julio de 2012

Inés


Inés

Cuando Max dejó a Inés, lo hizo de la peor forma posible: en el metro.  “Es que esto no nos lleva a nada” ¿sabes?,  “lo he estado pensando y no estoy preparado para casarme todavía" ¿sabes?, “quiero viajar, ver el mundo”  ¿sabes?  “No quiero convertirme en otro Raúl, el de la oficina, que siempre está con una cara de dos metros y su mujer jodiéndolo todo el día por teléfono . Que pasa a comprar esto, que Raulito lo otro, que Rosita necesita zapatos nuevos”.  “No quiero eso para  mí” ¿sabes? “Y tampoco para ti Inés”¿sabes?.  “No estamos preparados para llevar esta relación más lejos” ¿sabes?  “Vamos a terminar odiándonos” ¿sabes?  “Mejor tú haces tu vida y yo la mía y los dos felices” ¿sabes?  “Pero igual podemos quedar como amigos” ¿sabes?  “No hace falta ni vernos, para eso está el computador que todo lo acerca” ¿sabes?  “Así no perdemos el contacto” ¿sabes?.
Inés está rígida, aprieta el fierro con toda la fuerza de su mano, tanto, que creía que cuando se bajara lo haría con el fierro en la mano. A duras penas lograba contener las lágrimas.  Estaba contrita, no podía creer que Max le hiciera esto después de tres años de un “gran amor” como a él le gustaba llamarlo.  ¡Y en el metro! ¡Ella le había dado todo, ¡todo!  Tres años de su vida para que la desechen en un lleno, maloliente y sucio carro del metro. 
 Una lección que aprender:
  
Da, da mucho; pero siempre guarda algo para ti...... ¿sabes?.
Maru

lunes, 2 de julio de 2012

Katy...

A Katy no le gusta la época de Navidad.   Es hija única y, desde que se fue a vivir sola, ha sido una lucha constante con sus papás para poder hacer algo diferente una, una Navidad, una sola.  Después promete ir todos los años por el resto de su vida (Katy es un poco exagerada).
Al fin sus padres la dejaron libre, su madre con su mejor cara de pena y su padre moviendo la cabeza.  
Ella se ve en su cama, con su pijamas favorito, una botella de champagne y una caja de chocolates para ella sola. La primera navidad sin compromisos, sin carreras, sin sus padres diciéndole que ya tiene 30, años “el tiempo pasa volando Ratita”. Y cosas por el estilo.
Y de repente,  se sintió feliz; el espíritu navideño se instaló en ella y decidió  seguir las tradiciones, pero sola.
Compró un árbol, le colgó manzanas rojas de madera y unas velas también rojas.  Envolvió una caja y la puso debajo del árbol para que por lo menos pareciera que  había  un regalo.
Incluso casi se reconcilia con Neil Diamond  y pone su disco de canciones navideñas.
Cuando ya iba  a ser medianoche, a Katy le pasa algo extraño y corre a su dormitorio.
A la media hora estaba de espaldas en la cama con sendas bolsitas de té para desinflamar los ojos de tanto llorar.
¡Cresta! ¿Quién dijo que era fabuloso pasar las fiestas sola? Hasta echaba de menos el “tesoro”  de su madre y el “Ratita” de su padre.  Y la pregunta de rigor:  ¿no traes a nadie tesoro?
Era feliz cuando pasaba las navidades con sus padres, sólo que ella nunca se había dado cuenta.  
Porque cuando uno tiene algo seguro, no lo valora.
Maru

lunes, 16 de agosto de 2010

El Niño y el Ruiseñor....



Este es un mini cuento que se me ocurrió anoche, media dormida. A ver si me acuerdo de todo.

Había una vez un niño que estaba de cumpleaños y pidió que le regalaran un ruiseñor "porque quiero que me cante todo el día" dijo con su voz infantil.

Sus papás no querían pero.....
Un ruiseñor le regalaron en una hermosa jaula dorada.
El niño estaba feliz, el ruiseñor cantaba y todo estaba bien.

Un día el ruiseñor dejó de cantar.

Después dejó de comer.

Después de batir las alas.

El niño se volvió taciturno y triste.
Los dos languidecían, el niño en su casa, el ruiseñor en su jaula.
Hasta que los padres convencieron al niño de soltar al ruiseñor.

"Porque Dios le dio alas para que vuele, no para estar encerrado en una jaula".

Le abrieron la puerta de la jaula, el niño con lágrimas en los ojos.

El ruiseñor miró, se acercó, dudó.

Pero al fin salió volando, batiendo fuertemente sus alas.

Sin mirar atrás, sin preguntarse por qué se iba,
sin pensar en lo que dejaba atrás. Cortando de un hachazo su período de prisionero.
Nunca más supieron del ruiseñor.

El niño a veces mira la jaula vacía y se pregunta dónde estará.

Y se conforma pensando: "está donde tiene que estar,"
"volando, que para eso Dios le dio alas".
Maru