sábado, 4 de mayo de 2013

Parodia de una vida loca...

Esto lo escribí cuando trabajaba.  Ahora miro para atrás, y no sé cómo sobreviví 15 años a ese ritmo. Ahora estoy feliz de no poder trabajar. 

Yo me creía cuerda, todavía. Pero este último tiempo la vida me ha vuelto loca. Con ayuda, eso sí. Han confabulado contra mi cordura muchas cosas. Y sucumbí!
Ahora, trato de retomar mi lado cuerdo, mi pequeño lado cuerdo. Y no es fácil. Me siento un pequeño David intentando darle en el ojo a Goliat. Y, claro, con mi estatura le doy en el codo, en el ombligo o en cualquier parte. 
Ya mi día comienza mal: suena la alarma ¿¡dónde está el celular!? ¡ya escuché!, ¡cállate!... mi conciencia me dice que tengo que levantarme ¡hay que trabajar! No tengo la opción de taparme hasta las narices y decir: no, hoy no voy. Enseguida empiezan a desfilar las mil y una cosas que tengo que hacer: que el jefe, que la reunión, que la llamada aquella importante, no para mí, claro, es de negocios, de los negocios de otros. 
Me voy, qué le haremos. Tomo el bus que en una hora me dejará en el centro. No en la oficina, no en la esquina, sino a 5 cuadras. Bien, empiezo el día haciendo ejercicio, caminando... ¿y las cuatro mil carreras que me doy en el día no cuentan como ejercicio? Seguramente no, porque ésas son pagadas, no demasiado bien, pero lo son. 
Llego lo más invisible posible, a ver si logro tomarme una leche con café caliente hasta el final, pocas veces lo logro, los jefes llegan antes. ¿Te dije que tengo dos jefes? Dos, para rematarla, no uno tranquilo, autosuficiente y poco exigente, no, esa suerte no la tuve yo. Tengo dos jefes. Grandes jefes, tanto en estatura, peso corporal y peso corporativo. ¡Qué suerte tengo! Soy la asistente de los peces gordos. Pues, mientras más gordos ellos, más pequeña, liviana y cansada yo. 
Y empieza el día, conste que intenté abrir mi correo, intenté contestar alguno, pero la reunión ya va a empezar y el jefe quiere los papeles. Y el teléfono, mejor no hablemos del teléfono, ¿sonará unas 340 veces en el día? Sí, no exagero, desde la recepcionista que no sabe si es gerente o gerenta, que busca tal o cual persona, que no tiene tarjetas de acceso, por favor abra la puerta usted. Ah, recuerda que yo intentaba tomar mi leche con café. Pero ya se enfrió y a mi colon no le gusta la leche fría, se enoja, se hincha, no sé si se pondrá morado, no es el momento de hacerse una endoscopía para saberlo. Hay cosas que esperan. 
Aparece el chef con el menú del día. Sí, hasta un restaurante de cuatro tenedores tenemos. A los hoteles les ponen estrellas, a los restaurantes, tenedores, claro, nada que ver estrellas con restaurantes, aunque tampoco sé qué ver las estrellas con los hoteles. Será que la cuenta te hace ver estrellas, quizás. 
Sigo tratando de organizar el día, llama el jefe uno, comuníqueme con fulanito.... ring ring.... la secretaria al otro lado de la línea tal vez tuvo más suerte y esté tomando desayuno. Yo hace rato abandoné mi tazón de leche. 
Abro el mail del jefe ¡wow! Qué capacidad de recepción! Debería ser más selectivo y eliminar los mails tipo “el mejor Jazz”, “Resort a precios increíbles”, “Fiesta del club de separados”... ¿separados? Separada soy yo, no él. 
Entre los miles de ofrecimientos diversos, encuentro los importantes, de gente importante o que al menos se lo cree.
Es lunes, hay que desocupar el escritorio del jefe máximo. No bota nada, hasta el más mínimo papel está ahí esperándome. Si tomara micro, ahí estarían los boletos. 
Ring, ring... ¿puedo ocupar la sala grande? Cuándo, a qué hora, cuántas personas?. Ya, sí, ocúpala... no, está reservada (también soy reservadora de salas).
Ring, ring... ¿a qué hora es el almuerzo con el señor XX? A las 13 horas, ah, reserve el privado. Aló, hola, por favor necesito reservar el privado para las 13 horas, sí, 4 personas, sí, a nombre de XX.....
De repente, asoman dos manos.... “no estoy” Ok. No está. Yo sé qué está haciendo y todos lo imaginan cuando llaman: está ocupado, no está, llamo yo de vuelta.
La agenda, por favor ¿puedes ver qué tiene agendado XX para el martes? Hasta el momento nada, a esa hora, ¿reunión de E-Learning? Ok, te confirmo, sí, mando invitaciones, sí, reservo la sala grande. Ok, consigo data show. Ok, ¿viene gente de afuera? Ok. El jefe dice no, no puedo el martes. Todo de nuevo. Oye, que no puede el martes, que tal vez el jueves. Te aviso....
Llega la hora de hacer el periódico. Bendito periódico. En el restaurante están al alcance de todos, todos los periódicos del día, pero no, yo (que ahora soy periodista), tengo que sacar un mini periódico todos los días con las noticias de la mañana. Y con un chiste para que los comensales sonrían y consuman más, supongo. Pero ¿imaginas lo que me cuesta encontrar chistes gráficos, blancos y diferentes para cada día? Porque de los colorados hay muchos. Pero ni aún así me salvo de meter la pata a fondo a veces. Como la vez que puse un chiste de un señor que no tenía un brazo. Cómo iba yo a adivinar que justo ese día iría un alto personero de gobierno al que le falta un brazo. Según me contaron después, apenas lo vieron, todos los garzones corrieron a sacar los periódicos de las mesas y esconderlos.
Sigo corriendo entre el computador, el teléfono, el lápiz que le da por perderse. El alto de papeles sigue subiendo. Las demandas también.
Acuérdeme de que tengo que hablar con TTT a la tarde. A quién le dicen.. a esa hora ya no me acuerdo ni de quién soy yo. Anoto, aunque después no miro lo que anoto, así que da lo mismo.
Y por fin la llamada salvadora: ¿vamos a almorzar? Ahhhh, un solaz, pequeño eso sí, compara una hora de trabajo con una de almuerzo, no tengo que decirte cuál es más larga.
Ya, comidas mis lechugas con tomates, viene lo bueno: mantenerse despierta... “Oh, my kingdom for a little snap” Pero no, no podemos dormir siesta en el trabajo, aunque sé de algunos que lo hacen en el baño, apoyando la cabeza en una toalla doblada en el lavamanos ¡qué importa salir con la toalla marcada en la cara!. Al menos pudo cerrar los ojos. Yo no puedo, hay muchas cosas por hacer todavía y la tarde recién comienza.
Mi jefe con suerte sabe que tengo padres e hijas, pero yo soy casi la nana de su familia (también soy nana, ves?). 
Recuérdeme pagar esto, hágame los cheques ( sí, parece que de un día para otro se olvidaron de cómo llenar un cheque), qué cosas. Y la esposa, que se le quedó esto, que recuérdale aquello, que no se venga sin..... Dios, todavía sobrevivo. Lo peor: me pierdo las copuchas, los correos, no puedo ir al baño, generalmente me lavo los dientes a las cuatro de la tarde cuando llega alguno de los auxiliares (tengo dos, pero misteriosamente siempre andan “haciendo trámites”). ¡No se mueva! No se mueva de aquí hasta que yo logre lavarme los dientes. Mientras me los cepillo pienso si podré pasar las facturas del dentista como gasto de representación. No creo. Cuento las veces que suena el teléfono, creo que tengo menos dientes que llamadas.
Reunión. Sí, reunión, no, está en reunión, sí, devuelvo el llamado. Doy todos los recados, y no contestan los llamados. Ya me echarán la culpa a mí cuando les pregunten. “ah, no supe”. Si las miradas mataran, sería huérfana de jefe hace rato.
Mi otro jefe que ahora se las da de periodista, llega con otro artículo para un periódico del cual es socio. Pienso que yo soy la única socia de mi humilde periodiquillo ¿lo leerá alguien? Tal vez algunos vean el chiste, en fin, yo tampoco leo todos los periódicos, ¿a qué hora? Además, leer un periódico es sacar la vuelta, no informarse.
Estoy por sucumbir, parezco zombi, he hecho 483 cosas diferentes en el día, he repetido lo mismo 50 y he prometido devolver llamados unas 63 (sin hacerlo, obvio).
Y el correo... ¡otro día sin poder verlo ni contestarlo! Ya lo haré en casa. Ja, sueña, tienes que ir a clases y llegarás a tu casa a las 10 de la noche sin ganas de que nadie te hable, nadie te mire, nadie te nada. Pero no es posible... tienes familia, tienes una vida.... ¿vida? ¿qué es eso?
¿Te doy pena, risa? Ay! .. si te contara mis problemas personales, llorarías.


¡¡¡¡QUIERO TAPARME HASTA LAS NARICES Y DESAPARECER!!!!

4 comentarios:

  1. Que se siente ser ahora una ama de casa burguesa???
    Marta Argentina

    ResponderEliminar
  2. uuuyyyy que parecido a mis 13 años de trabajo como secretaria-asistente de 5 honorables abogados ... un abrazo Maru

    ResponderEliminar
  3. Se parece a mi vida. Así de ajetreada.
    Besitos
    Anamaria

    ResponderEliminar
  4. Si yo fuera mujer. ( Joaquín Sabina)

    ResponderEliminar

El alma se alimenta de palabras, y tus palabras son muy importantes para mí. Déjame algunas y seré muy feliz.