Uno vuelve, cuando vuelve, porque no se banca el síndrome de abstinencia.
Esos que vuelven por amor son muy pocos. Los otros regresan sólo para no aguantar el Infierno que les queda ardiendo en el pecho, después de que les cerraron la puerta en medio de la cara.
Son contados con los dedos de las manos los que se bancan estar a solas con sí mismos.
La gente dice que Fulano, o Mengano, volvió por amor. Para mí, no.
Eso que te empuja desde las tripas no se puede llamar amor.
Si fuera amor, nunca se habría roto. Nunca se habría ido. No habría ninguna puerta cerrada en medio de ninguna cara.
Eso a lo que la gente le dice amor se llama soledad.
Rota se camina igual - Lorena Pronsky
