Pero alguien bebe café cada mañana en la taza que le regalaste.
Alguien escuchó una canción que le hizo pensar en ti.
Alguien recordó tu broma y sonrió.
Jamás pienses que no influyes en nada,
seguro has dejado tu huella en alguien.
Las locuras de Maru Lulú Rulitos
El 22 de mayo de 1960, Chile vivió una de las mayores catástrofes de su historia: un megaterremoto de magnitud 9,5 en la escala de Richter. Este ha sido el mayor terremoto registrado desde que se inventaron los instrumentos de medición sísmica, y se le conoce como el Gran Terremoto de Chile o el megaterremoto de Valdivia (yo no pensaba nacer todavía, pero mi hermano mayor(QPD) tenía un año y mi mamá estaba embarazada de seis meses de mi hermana).
Fue un fenómeno natural conocido como falla inversa: ocurre cuando una placa tectónica se hunde por debajo de otra, generando una fricción que sacude la tierra a lo largo de centenares de kilómetros. En este caso, la placa oceánica de Nazca se hundió bajo la placa continental Sudamericana, generando un megaterremoto a lo largo de toda la costa pacífica de América del Sur.
El megaterremoto abrió la tierra, causó daños materiales incalculables y tuvo un impacto enorme en la economía chilena y en la demografía de la región, obligando a muchas personas a emigrar hacia otras zonas del país. Sorprendentemente, el cómputo de víctimas fue más bajo de lo que cabría esperar en un suceso de estas dimensiones: alrededor de 2.000 víctimas entre muertos y desaparecidos, una cifra muy inferior a otros eventos de menor intensidad, debida en parte a que la zona estaba poblada de forma dispersa y no había grandes edificios que pudieran derrumbarse con personas en su interior.
El megaterremoto de Valdivia también tuvo un impacto muy importante en la sismología, ya que aportó una gran cantidad de información científica útil para prevenir futuros desastres: desde la dinámica de ruptura y el deslizamiento de placas hasta la relación entre terremotos, tsunamis y vulcanismo.
En esta ocasión, el terremoto duró varios minutos (hasta 10 en algunas zonas) y tuvo dos efectos: en tierra la superficie se deformó, con levantamientos en algunas zonas, hundimientos en otras y desplazamientos masivos de tierra. En el océano, al deformarse bruscamente el lecho oceánico, el agua se propagó en forma de tsunami, con olas de más de 10 metros que golpearon la costa chilena y atravesaron todo el Pacífico, llegando hasta Hawái, Filipinas e incluso Japón.
El megaterremoto sucedió un día domingo; si hubiese ocurrido un día de semana la mitad de Valdivia habría fallecido, sobre todo porque habían muchas industrias en Valdivia. Los techos se habrían venido abajo y con esas muertes no se sabe qué hubiese hecho el Gobierno para enterrarlas.
Dos días después del megaterremoto, el conjunto volcánico Cordón Caulle en los Andes entró en erupción, aunque al estar en un lugar remoto y poco habitado quedó en segundo plano respecto a los desastres provocados por el megaterremoto.
La violencia del sismo provocó grandes derrumbes en los cerros aledaños, cuyos escombros cayeron sobre el río San Pedro (el desagüe natural del lago Riñihue), creando tres gigantescos "tacos" de tierra y vegetación. El agua del lago quedó atrapada y comenzó a subir su nivel a razón de millones de metros cúbicos diarios. Se calculó que si el muro natural colapsaba de golpe, el aluvión resultante terminaría por hundir a Valdivia y a otras localidades ribereñas, sumando una tragedia aún mayor a la devastación recién ocurrida por el terremoto y el tsunami.
El Riñihuazo fue una emergencia provocada por el bloqueo del río San Pedro tras el megaterremoto que embalsó el lago Riñihue. El inminente colapso de esta represa natural amenazó con arrasar Valdivia, pero se evitó gracias a la heroica "Operación Riñihue", donde cientos de personas cavaron canales a pala para vaciarlo de forma controlada.
Más allá de las cifras escalofriantes y los análisis geofísicos, la verdadera dimensión del megaterremoto de Valdivia reside en las experiencias de quienes lo vivieron. Los testimonios personales, esas memorias vivas de la catástrofe, ofrecen una comprensión más profunda, matizada y humana del evento. Son, como se ha señalado en estudios sobre la memoria, "una fuente inagotable que cabe rescatar y aprovechar para comprender y reconstruir sucesos del pasado que nos resultan de interés". Estas narrativas individuales permiten trascender la abstracción de los datos para conectar con el miedo, el dolor, la pérdida y la resiliencia de seres humanos enfrentados a una fuerza descomunal.
Aquí dos testimonios:
María Soledad Salas
Alejandro Deschamps Droulans
En Corral, detalló que alrededor de las 16:10 horas "el mar comenzó a retirarse a toda velocidad, con un ruido impresionante, como de succión metálica". Un banco de arena emergió, causando pánico. Observó una segunda ola de aproximadamente 8 metros y una tercera aún más alta, de entre 10 y 11 metros, que completó la destrucción. Vio pescadores perecer en sus barcas.
Saludos
En el futuro, si tengo nietos (parece que no), les contaré que nací en la ciudad donde ocurrió el terremoto más grande de la historia de la humanidad (Valdivia, Chile); que crecí en una dictadura brutal, y viví el tránsito a la democracia sin revolución; que viví dos megaterremotos, uno con tsunami que hizo bolsa la costa de dos regiones; que vi el rescate inédito de 33 mineros que sobrevivieron meses bajo tierra; que tuvimos a la primera mujer presidente de la historia de Chile y Latinoamérica; que vi la erupción de los volcanes Calbuco y Chaitén; que vi a la selección de fútbol chilena ganarle dos copas históricas a Argentina; que también viví una revolución por causa de subir 30 pesos el pasaje del metro, en que el número de la gente que protestaba era dividida por 10 por las autoridades; que hubo una represión brutal por parte del ejército y policía que dejó muertos, mutilados, ciegos, torturados y abusados sexualmente. Y en medio de todo esto... llegó una pandemia global que nos obligó a escondernos en casa porque se propagaba por el aire; vi cómo los políticos quisieron seguir robándole al pueblo y cómo algunos valientes se la jugaron... Que tuvimos un presidente de 37 años. Y que el 2026, el pueblo iluso le creyó a un ultrafascista y lo nombró Presidente, y que a los dos meses la mayoría está arrepentido. Que en enero del 2026 estuve al borde de la muerte.
Y seguro que se agregarán muchas cosas más con el tiempo y que me quedo corta...
Y mis nietos me mirarán y dirán:
¡Vaya la vieja mentirosa!
Saludos
Maru
Desde que vi un documental sobre el tema, me quedé pegada. Estas personas son tan especiales que uno no se explica cómo hacen lo que hacen.
En español son los "idiotas sabios" y en inglés "idiot savants" en general son diferentes, autistas, gente con problemas cerebrales.
Si vieron la película Rain Man, ahí el hermano de Tom Cruise (Dustin Hoffman) era un savant.
Son extraordinariamente inteligentes en algunas cosas pero totalmente inútiles en otra.
Por ejemplo, en el documental mostraban a un hombre que podía decir qué día había sido el 23 de abril de 1365 en dos segundos... no se equivocaba nunca.
A otro le planteaban problemas matemáticos casi imposibles para uno y él no se demoraba nada en calcular.
Había otro que leía dos libros a la vez, uno con un ojo y el otro con el otro, y sin embargo no podía atarse los zapatos.
Había uno que memorizaba las guías telefónicas.
Según los médicos, el problema que tienen es que una parte de su cerebro es diferente al de la gente "normal", y les hace centrarse en los detalles y no en lo general como nosotros... y tienen una capacidad extraordinaria de memorizar hasta el más mínimo detalle lo que fuera.
El que más me gustó, fue un joven, Stephen, a quien llevaron a Roma, sin que él la conociera, y le hicieron un vuelo en helicóptero de 45 minutos.
Después, él debía dibujar lo que vio. Fue impresionante, dibujó en un papel como de 5 metros todo, pero cuando digo todo es TODO. O sea, el Vaticano, con las ventanas exactas, el Coliseo también con todas sus características, no dejó detalle sin dibujar y todo exacto. Eso me impresionó... Stephen apenas habla y depende de otros para la gran mayoría de sus cosas.
Impresionante. Hizo lo mismo en Japón.
En YouTube si ponen savants pueden ver varios videos muy interesantes.
Como he estado pensando y queriendo irme a las nubes, soñé que me encontraba en un bosque encantado, pero yo era la única "humana".
Había una fiesta de todos los seres que existen pero no vemos: hadas, magos, gnomos, duendes, ángeles, brujas buenas, princesas de cuento con bellos vestidos, príncipes azules que no se convierten en sapos, etc.
Al ver lo felices que estaban, me puse triste y me senté en la raíz de un árbol a observarlos. La luna tenía una gran sonrisa e iluminaba el bosque con su luz alba.
Parecía que hasta las ramas más altas bailaban a un compás imaginario.
Y me dormí. Había demasiado sosiego, demasiada paz.
Soñé de nuevo con seres encantados y me lamenté por no ser uno de ellos.
No sé cuánto tiempo pasó, pero cuando me desperté... ¡¡¡tenía unas hermosas alas y todos me llamaban Hada Maru!!!
Sonaba tan lindo que pensé que seguía soñando, pero no, ¡era verdad! podía volar, podía ver cosas que los simples mortales no pueden ver, comprendía muchas más cosas y me sentía muy veliz.
Voy a volver a dormirme, no quiero despertar y descubrir que soy una simple e imperfecta mortal.
(La foto la hizo una amiga antes de la IA)
Estamos en un punto donde la tecnología corre a una velocidad que nuestra biología no alcanza a procesar.
El ruido y el silencio
Vivimos en la era de la "hiperconectividad solitaria". Nunca hemos tenido tanto acceso a la vida de los demás y, sin embargo, nunca nos hemos sentido tan poco vistos. El mundo hoy es un bombardeo constante de estímulos que nos obligan a opinar de todo, a estar en todas partes y a producir sin parar. En ese ruido, el silencio se ha vueto el lujo más caro del siglo XXI.
La nostalgia de lo real
En un mundo donde la inteligencia artificial puede imitar una voz, un rostro o un cuadro, hay un hambre creciente por lo auténtico: buscamos el error humano, la imperfección de una cerámica hecha a mano, el roce del papel o una conversación cara a cara sin pantallas de por medio.
Estamos aprendiendo, a golpes de realidad, que lo digital es eficiente, pero lo físico es lo que nos nutre el alma.
El tiempo se siente distinto
Parece que el tiempo se ha "encogido" . La sensacíón de que los meses vuelan no es sólo una percepción personal; es que el ritmo de la información nos ha quitado la capacidad de asombro. Pasamos de una tragedia a un meme, y de una innovación a una crisis en segundos. Esa falta de pausa nos está obligando a preguntarnos: ¿Qué es lo realmente importante?
Una brújula interna
Lo que el mundo vive hoy es, en esencia, un periodo de instropección forzada. Ante la incertidumbre de afuera, nos vemos obligados a buscar certezas adentro. Ya no buscamos "tener" más, sino "ser" de una manera más consciente: cuidar nuestra alud mental, valorar a quienes amamos y entender que, aunque el planeta sea inmenso, nuestra verdadera patria es el presente.
ESTAMOS EN EL AMANECER DE ALGO NUEVO, PERO TODAVIA TENEMOS LOS OJOS CANSADOS DEL AYER.
Yo también tuve 4 años.
Como siempre, el 2025 trajo cosas buenas y malas. Felices y tristes.
Frente a los más tristes, los felices se desdibujan un poco, sin embargo, sé que hubos.
Pero tuve dos pérdidas importantes: mi hermano y mi suegra.
Ya sé que las suegras son objetos de amor/odio, pero en mi caso no fue así: la conocía de toda la vida pues nuestras familias han sido amigas desde hace muchísimos años, por lo tanto, para mí era parte de mi familia, más que la madre de mi esposo.
Espero no perder a nadie querido este 2026, aunque mis padres son muy longevos y nunca se sabe.
No hay certezas de lo que nos espera, sólo espero que sea leve.
Saludos
Tenía apenas cinco años cuando el suelo se le fue de debajo de los pies.
Que su historia le recuerde a cada uno y cada una de nosotros:Cuando Steven Spielberg buscaba al protagonista para su monumental película de 1993, La lista de Schindler, se encontró ante un dilema. El papel de Oskar Schindler —una figura compleja y contradictoria que salvó a más de 1,200 judíos durante el Holocausto— exigía a un actor capaz de encarnar, al mismo tiempo, codicia y gracia moral.
Se barajaron nombres enormes. Incluso se consideró a Harrison Ford, pero Spielberg lo descartó: su celebridad podía desviar la atención de la verdad histórica que la película quería contar.
La búsqueda terminó con alguien que, entonces, no era una estrella de renombre: Liam Neeson, un actor de teatro con papeles secundarios en cine y televisión.
Su audición, según cuentan quienes estuvieron allí, fue una revelación.
No ganó por pulcritud técnica, sino por una honestidad emocional desnuda, algo difícil de fingir. Spielberg vio en sus ojos exactamente lo que necesitaba: la mezcla improbable de un hombre poderoso que, sin embargo, podía derrumbarse por el peso de su propia conciencia.
Esa confianza depositada en Neeson se convirtió en la base de una de las interpretaciones más inolvidables del cine moderno.
Un héroe imperfecto, como lo fue en la realidad
La película no presenta a Schindler como un salvador desde el inicio.
Históricamente, Schindler fue un empresario oportunista que vio en la guerra y en el régimen nazi una oportunidad para enriquecerse. Neeson interpreta con maestría ese comienzo: un seductor elegante, bebedor, pragmático, cuyo foco es el dinero, no la moral.
La genialidad de su actuación reside en mostrar una transformación lenta y dolorosa, sin golpes de efecto, sin dramatismos artificiales.
Cada gesto, cada silencio, cada mirada perdida son pequeñas grietas en su indiferencia inicial.
La niña del abrigo rojo: un símbolo, un despertar. En la famosa escena de la liquidación del gueto de Cracovia, Schindler observa a una niña pequeña caminando en medio del caos, vistiendo un abrigo rojo.
Spielberg usa el color —único en una película en blanco y negro— como un recurso cinematográfico, no histórico, para representar la ruptura emocional del personaje.
No fue un acontecimiento literal, pero simboliza algo profundamente real: el momento en que Schindler deja de ver “mano de obra” y comienza a ver vidas humanas irreemplazables.
Ese instante divide su existencia en dos: el empresario que lucra y el hombre que decide arriesgarlo todo para salvar a quienes están condenados.
La actuación contenida que hizo historia
Neeson dio vida a este vuelco moral con una dignidad silenciosa.
No necesitó discursos heroicos: bastaron los cambios en su postura, las dudas en su mirada, la vulnerabilidad que iba emergiendo bajo la fachada del hombre de negocios.
La famosa escena final, cuando Schindler se derrumba llorando, sigue siendo uno de los momentos más devastadores del cine.
Rodeado por quienes logró salvar, no celebra nada. En cambio, se atormenta por lo que no pudo hacer:
“Podía haber salvado a uno más… uno más.”
Neeson confesó más tarde que filmar esa escena lo dejó exhausto física y emocionalmente.
El peso de la historia real, de las vidas que dependieron de Schindler, había borrado por completo la línea entre actor y personaje.
Una obra que trasciende el cine.
La lista de Schindler demuestra que, en los capítulos más oscuros de la humanidad, la redención puede venir de los lugares más inesperados y de personas profundamente imperfectas.
La película —fiel al espíritu de los testimonios históricos— nos recuerda que el heroísmo no siempre nace del deber, sino del momento en que alguien decide que la compasión importa más que la conveniencia.
En un mundo que aún lucha entre la ganancia y la humanidad, la historia de Schindler —y la interpretación de Neeson— nos ofrecen un recordatorio urgente:
La vida humana siempre pesa más que el beneficio.
La compasión siempre debe vencer a la indiferencia.
Saludos
Buscando salir de mi casa, de mi rutina, de mis obligaciones, del estrés de mi vida, me he apuntado a un Club de lectura. Es la mejor decisión que he tomado.
En septiembre leímos el libro La vegetariana, de la Premio Nobel 2024, Hang Kang. Un libro intenso, que realmente te vuela la cabeza, donde podemos asistir a la metamorfosis de una mujer que decide tomar decisiones radicales y es realmente para hacer pensar muchas cosas.
No sé si alguien se ha enganchado a los kdramas coreanos, también hay japoneses, chinos, tailandeses, etc. Todo el mundo asiático tiene una industria poderosa, aunque ninguna ha alcanzado los niveles de Corea.
El boom de los kdramas se refiere al aumento de su popularidad a nivel mundial, especialmente a partir de la década de 2010. Este fenómeno, conocido como "Hallyu" o la ola coreana, ha llevado a que series coreanas como "El juego del calamar", "La reina de las lágrimas", "Goblin" , "My dearest" "Mr. Sunshine" y la que rompió records este año "Si la vida te da mandarinas" y muchas más alcancen audiencias masivas en diferentes países.
Servicios como Netflix, Viki otros han facilitado el acceso a audiecias internacionales, permitiendo la difusión masiva de estas series.
Los kdramas suelen presentar tramas bien elaboradas, personajes con los que se puede empatizar, temas universales como el amor, la amistad y la superación personal, lo que genera una conexión con espectadores de diversas culturas. Las históricas son espectaculares, siendo fieles a la época en que están basadas, con escenarios, vestimenta y personajes muy acordes a la historia.
Los kdramas se caracterizan por su alta calidad de producción, incluyendo la actuación, el vestuario, el maquillaje y la cinematografía, lo que los hace visualmente atractivos.
Gracias a estas producciones, muchos actores se han convertido en semidioses para muchos, rayando el fanatismo.
También los idols del kpop han alcanzado fama mundial masiva; el más famoso es BTS, que traspasa países, culturas, edades, sexo. Con sus bien organizados fans, llamados ARMY, han sido todo un fenómeno, y para qué hablar de la fortuna que han amasado.
Yo empecé a ver kdramas en la pandemia, y realmente me sorprendieron. Me gustó que no hay sexo explícito, violencia extrema, drogas, etc. Por supuesto hay producciones que son trhillers, suspenso, intrigas, etc. Y también hay con clichés de Cenicienta, de enemigos que se enamoran, traumas, relaciones familiares, viajes en el tiempo, etc. De todo pues, pero se van cocinando a fuego lento. Así como hay muy buenas, hay algunas que no valen la pena.
En fin, me gustan, me entretienen y a veces me sorprenden y me emocionan.