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martes, 20 de febrero de 2024

Ana

Mirando hacia la oscuridad o dentro de ella, Ana se preguntaba ¿hasta dónde y hasta cuándo decir no?, sentía que poner un mar o un metro de distancia era demasiado complicado y era una decisión de costos y de pérdidas y éstas han sido siempre tan dolorosas, tan grises y una carga muy pesada de llevar.  Pero, permitir que todo lo propio se extraviara, que la sonrisa y su voz cantora se apagara era también un peligroso viaje al abismo.

Finalmente se quedó dormida, y al comenzar la mañana, cuando la luz del día es más bien azul, se puso de pie, ordenó sus cosas y decidió que le ponía punto final a esta etapa de la vida para iniciar otra, para atreverse de nuevo y para intentar recuperar la libertad perdida, pero eso le generaba mucho miedo... y se fue buscando una historia que le permitiera decirse a sí misma que el cambio de ruta era posible y que aún no tenía un mapa que le ayudara a emprender nuevos pasos... sin culpas.

Una amiga de Ana, un poco loca y con afán de escritora, le decía que el tiempo y la distancia curan todas las heridas, y aunque era consciente de que era algo más que eso, no podía evitar pensar que Ana en su encuentro debía afrontar las dudas, las certezas, los encuentros y desencuentros, dejarlo fluir y dejarse ser.... la felicidad es una actitud y aunque no siempre resulta fácil asumirla depende de lo que intentemos hacer y de las cosas que queremos ser.

-Ana, la felicidad no puede ni depende de si nos equivocamos en el camino de este arte que es vivir, depende de que amemos lo que tenemos , lo que es posible y también de amarnos a nosotras mismas...

Sin culpa Ana, sin culpa.


(Para Ana, en su afán de independencia, - 1996 – nunca supe si lo consiguió)


martes, 19 de febrero de 2013

Silenciosa visita

 


Entré en silencio, calladita, te contemplé mucho rato; eres tal como te imaginaba.
Me acerqué más y te acaricié la cara, grabando tus facciones en mi cabeza. Luego, enredé mis dedos en tu pelo, lo acaricié, es suave y huele rico.

Después besé tus ojos brujos, muchas veces, suavemente. Besé toda tu cara una y otra vez, dejando para el final tus labios de bombón de frutilla. Los besé suavemente, con mi lengua los entreabrí, te moviste, tuve miedo; esperé y los besé de nuevo, suave, lento, son exquisitos.

Tomé tu mano y la miré y me la pasé por la cara, fue como recibir una caricia tuya.
Quería destaparte, raptarte, pero estabas con pijamas y no quería despertar a nadie, así que te tapé, te besé; dejé olvidada una lágrima en tu cara y me fui.
 
Maru

viernes, 25 de enero de 2013

Dos palabras

Había un señor que les tenía fobia a los signos de interrogación.  Pero era lo bastante inteligente como para saber cuando le hacían una pregunta aunque no tuviera los signos. No sé a qué le tenía tanto miedo, pero así era su vida.

Lamentablemente, a pesar de ser bastante inteligente, hay dos palabras que nunca aprendió:  empatía y asertividad.
La empatía es la cualidad de sentir conexión con los demás, de ponerse en sus zapatos, y entender sus sentimientos o motivaciones. 
La asertividad es una habilidad de comunicación, de expresar de forma natural los pensamientos, deseos y convicciones. Hay personas que pueden ejercitar ambas cosas, una, o ninguna.

Me parece (puedo estar equivocada), que el hecho de este señor bastante inteligente esté comunicándose con alguien y de repente desaparezca sin despedirse por días, semanas, y no se comunique hasta que prácticamente lo obliguen,  es una muestra cierta de que este señor bastante inteligente, lamentablemente para él, no aprendió las dos palabras mágicas.  Reemplazó a las personas por computadores, libros, películas, etc., lo cual lo alejó cada vez más de la gente que quería ser su amigo.

Y así, cada vez se iba quedando más solo.  Y aunque dijera que eso le gusta, no le creían, los seres humanos recibimos la bendición de comunicarnos y es esencial para nuestra vida.

Diferente es no querer comunicarse con una persona en particular;  pero eso se soluciona también con palabras simples:  "no quiero escribirte ni que me escribas". 

Lo tratado era tan simple y tan difícil para el señor bastante inteligente, que los pocos amigos que le quedaban, al no encontrar empatía ni asertividad en este señor bastante inteligente, se fueron retirando,  y un día este señor inteligente, sólo pudo hablar en su trabajo, donde no hay amigos.
  
Qué pena por el señor inteligente, que no supo darse cuenta a tiempo y aprender las dos palabras.
Pero, a todos nos llega el momento de mirar para atrás y preguntarse "qué hice de mi vida?" (perdón por el signo, pero era necesario), y tal vez sea muy tarde para recuperar el tiempo y los afectos perdidos.  Y ya no habrá vuelta atrás.
Maru


                 

martes, 26 de julio de 2011

Ana...

Mirando hacia la oscuridad o dentro de ella, Ana se preguntaba  ¿hasta dónde y hasta cuándo decir no?, sentía que poner un mar o un metro de distancia era demasiado complicado y era una decisión de costos y de pérdidas y éstas han sido siempre tan dolorosas, tan grises y una carga muy pesada de llevar.  Pero, permitir que todo lo propio se extraviara, que la sonrisa y su voz cantora se apagara era también un peligroso viaje al abismo.
Finalmente se quedó dormida, y al comenzar la mañana cuando la luz del día es más bien azul, se puso de pie, ordenó sus cosas y decidió que le ponía punto final a esta etapa de la vida, para iniciar otra, para atreverse de nuevo y para intentar recuperar la libertad perdida, pero eso le generaba mucho miedo... y se fue buscando una historia que le permitiera decirse a sí misma que el cambio de ruta era posible y que aún no tenía un mapa que le ayudara a emprender nuevos pasos... sin culpas.
Una amiga de Ana, un poco loca y con afán de escritora, le decía que el tiempo y la distancia curan todas las heridas, y aunque era consciente de que era algo más que eso, no podía evitar pensar que Ana en su encuentro debía afrontar las dudas, las certezas, los encuentros y desencuentros, dejarlo fluir y dejarse ser.... la felicidad es una actitud y aunque no siempre resulta fácil asumirla depende de lo que intentemos hacer y de las cosas que queremos ser.

-Ana, la felicidad no puede ni depende de si nos equivocamos en el camino de este arte que es vivir, depende de que amemos lo que tenemos , lo que es posible y también de amarnos a nosotras mismas...

Sin culpa Ana, sin culpa.

(Para Ana, en su afán de independencia, - 1996 – nunca supe si lo consiguió)

Maru

miércoles, 13 de julio de 2011

Invitación...

No me interesa saber
cómo te ganas la vida.
Quiero saber lo que ansías,
y si te atreves a soñar con 
encontrar lo que tu corazón anhela.
No me interesa tu edad.
Quiero saber si te arriesgarías
a parecer un tonto por amor,
por tus sueños,
por la aventura de estar vivo.

viernes, 7 de mayo de 2010

Asustado, herido....


En un recóndito lugar de mi corazón estás tú,
asustado, herido,

sin saber qué pasará.

Esto que empezó como un juego

se ha convertido en algo que no sé explicar.

Sentimientos que hacen vibrar el alma,

te siento aun estando lejos.

Te añoro, aunque no te conozco.

Mi alma se hunde en tus abrazos platónicos,

me deleito en pensamientos contigo.
Sufro una fiebre desconocida,

y tú en un rincón de mi corazón,

asustado, herido,
no te atreves a salir...

y no me atrevo a dejarte salir.

Maru

viernes, 21 de agosto de 2009

Visita...


Entré en silencio, calladita, te contemplé mucho rato; eres tal como te imaginaba.
Me acerqué más y te acaricié la cara, grabando tus facciones en mi cabeza. Luego, enredé mis dedos en tu pelo, lo acaricié, es suave y huele rico.

Después besé tus ojos brujos, muchas veces, suavemente. Besé toda tu cara una y otra vez, dejando para el final tus labios de bombón de frutilla.
Los besé suavemente, con mi lengua los entreabrí, te moviste, tuve miedo; esperé y los besé de nuevo, suave, lento, son exquisitos.

Tomé tu mano y la miré y me la pasé por la cara, fue como recibir una caricia tuya.
Quería destaparte, raptarte, pero estabas con pijamas y no quería despertar a nadie, así que te tapé, te besé; dejé olvidada una lágrima en tu cara y me fui.

Maru

sábado, 27 de junio de 2009

Para.....


Rápido,
anda...
no puedo esperar.

Leves,
lentos
y escurridizos sollozos
brotaban de tu inerte boca.

Frágil como siempre,
sumiso,
¿será que dejarás la idiotez?

¿Pareces o eres una momia?
No sientes,
no musitas,
eres nada.
Maru

lunes, 2 de marzo de 2009

Para ti S....


Me desesperas
y sin embargo te amo.
Me sacas de quicio
sin embargo nadie te amará más que yo.
Eres cruel e intransigente
sin embargo daría la vida por ti.
Eres hiriente y orgullosa
sin embargo estoy feliz de tenerte.
¿Hay amor más incondicional que ése?
Maru

domingo, 9 de noviembre de 2008

Sabía...

Lo supe apenas me contaste, supe que las cosas cambiarían.
Me alegro por ti, aunque ello signifique abandono para mí.
Es lógico, ya no me necesitas como antes, te las arreglas solo y tienes con quien compartir lo que antes compartías conmigo.

No importa, te perdono, te perdono pero no me expondré nunca más a una decepción.
Ya tomaste tu dirección, por lo tanto, síguela, sin remordimientos, sin culpa;
yo tengo otras cosas, otras ilusiones y otras perspectivas.

Pero ¡de qué hablo!, seguro que ni cuenta de esto te has dado.

En fin, yo no diré nada, algún día solo lo sabrás..
y no sé si todavía estaré.

Maru

domingo, 7 de septiembre de 2008

Carta a la droga...


¿Has probado el veneno para ratas? ¿No?
entonces, ¿por qué pruebas el veneno de las drogas?



Sé que cuando recibas esta carta no te afectará lo que pongo en ella, ya que seguirás teniendo tantos admiradores como por desgracia siempre has tenido. Cuando nos presentaron, apenas me gustaste, fue el paso de los días lo que hizo que poco a poco me gustase cada vez más estar contigo. Ya no me conformaba con verte sólo los fines de semana. Salía a tu encuentro cualquier día. Fue tanto el gusto que le agarré a nuestra relación que ya apenas salía con mis compañeros.

Poco a poco me fui apartando de ellos, unos porque no te querían y me aconsejaban que te dejara y otros porque también estaban enamorados de ti y no quería compartirte con ellos. Nuestra relación cada vez se hacia más íntima. Yo ya no vivía sino para ti.

Mi primer error fue perder mi trabajo por no prestarle la atención suficiente; terminaron por despedirme. Pero nuestra relación seguía adelante, era tal la dependencia que sentía por ti que apenas podía hacer nada si no te tenía a mi lado. Hay que añadir el tren de vida al que me tenías sometido.
Pronto tuve que robar para poder estar juntos.
Aunque tú, no contenta con lo que tenías, me exigías más y más.
Has deteriorado mi vida, mi salud, mis proyectos, mi libertad...

Gracias a Dios me he dado cuenta de que tu relación sólo me trae desgracia. Es por eso que he decidido escribirte estas líneas para romper, con la esperanza de que todo aquel que reciba esta carta y te haya conocido, pueda darse cuenta de que destrozarás su vida.

Hey!, hasta nunca.
Cambio y fuera...

P.D.: Si tienes la desgracia de conocerla, pide ayuda, y sobre todo no se la presentes a un amigo que quieras de verdad.
(Desconozco el autor)


martes, 2 de septiembre de 2008

Dormido....

Sentada al borde de la cama te miro detenidamente, recorro con mi mirada tu cuerpo desnudo, cuento tus lunares, respiro tu aroma. Siento tu respiración, duermes; duermes y te siento tan vulnerable y tan mío.

Todo tu ser está en el mundo de los sueños sabiendo que yo cuido de ti, de tu cuerpo y de tus lunares.
Maru

sábado, 9 de agosto de 2008

Carta para ti, cabrón.... (escrito por un niño de segundo grado)


Para ti, cabrón: Porque lo eres, porque la has humillado, porque la has menospreciado, porque la has golpeado, abofeteado, escupido,insultado... porque la has maltratado. ¿Por qué la maltratas? Dices que es su culpa, ¿verdad? Que es ella la que te saca de tus casillas, siempre contradiciendo y exigiendo dinero para cosas innecesarias o que detestas: detergente, pan, verduras...
Es entonces, en medio de una discusión cuando tú, con tu 'método de disciplina' intentas educarla, para que aprenda. Encima lloriquea, si además vive de tu sueldo y tiene tanta suerte contigo, un hombre de ideas claras, respetable. ¿De qué se queja?

Te lo diré: Se queja porque no vive, porque vive, pero muerta. Haces que se sienta fea, bruta, inferior, torpe... La acobardas, la empujas, le das patadas., patadas que yo también sufría.
Hasta aquel último día.
Eran las once de la mañana y mamá estaba sentada en el sofá, la mirada dispersa, la cara pálida, con ojeras. No había dormido en toda la noche, como otras muchas, por miedo a que llegaras, por pánico a que aparecieses y te apeteciera violarla (hacer el amor dirías) o
darle una paliza con la que solías esconder la impotencia de tu borrachera. Ella seguía guapa a pesar de todo y yo me había quedado tranquilo y confortable con mis piernecitas dobladas. Ya había hecho la casa, fregado el suelo y planchado tu ropa. De repente, suena la cerradura, su mirada se dirige hacia la puerta y apareces tú: la camisa por fuera, sin corbata y ebrio. Como tantas veces. Mamá temblaba. Yo también. Ocurría casi cada día, pero no nos acostumbrábamos.
En ocasiones ella se había preguntado: ¿y si hoy se le va la mano y me mata? La pobre creía que tenía que aguantar, en el fondo pensaba en parte era culpa suya, que tú eras bueno, le dabas un hogar y una vida y en cambio ella no conseguía hacer siempre bien lo que tú querías. Yo intentaba que ella viera cómo eres en realidad. Se lo explicaba porque quería huir de allí, irnos los dos. Mas, desafortunadamente, no conseguí hacerme entender.

Te acercaste y sudabas, todavía tenías ganas de fiesta. Mamá dijo que no era el momento ni la situación, suplicó que te acostases, estarías cansado. Pero tu realidad era otra. Crees que siempre puedes hacer lo que quieres. La forzaste, le agarraste las muñecas, la empujaste y la
empotraste contra la pared. Como siempre, al final ella terminaba cediendo. Yo, a mi manera gritaba, decía: mamá no, no lo permitas. De repente me oyó. ¡Esta vez sí que no! -dijo para adentro-, sujetó tus manos, te propinó un buen codazo y logró escapar. Recuerdo cómo cambió tu cara en ese momento. Sorprendido, confuso, claro, porque ella jamás se había
negado a nada.
Me puse contento antes de tiempo.
Porque tú no lo ibas a consentir. Era necesario el castigo para educarla. Cuando una mujer hace algo mal hay que enseñarla. Y lo que funciona mejor es la fuerza: puñetazo por la boca y patada por la barriga una y otra vez.

Y sucedió.

Mamá empezó a sangrar. Con cada golpe, yo tropezaba contra sus paredes. Agarraba su útero con mis manitas tan pequeñas todavía porque quería vivir. Salía la sangre y yo me debilitaba. Me dolía todo y me dolía también el cuerpo de mamá. Creo que sufrí alguna rotura mientras ella caía desmayada en un charco de sangre.

Por ti nunca llegué a nacer. Nunca pude pronunciar la palabra mamá.
Maltrataste a mi madre y me asesinaste a mí.

Y ahora me dirijo a ti. Esta carta es para ti, cabrón: por ella, por la que debió ser mi madre y nunca tuvo un hijo. También por mí que sólo fui un feto a quien negaste el derecho a la vida.

Pero en el fondo, ¿sabes?, algo me alegra. Mamá se fue. Muy triste, pero serenamente, sin violencia, te denunció y dejó que la justicia decidiera tu destino. Y otra cosa: nunca tuve que llevar tu nombre ni llamarte papá.
Ni saber que otros hijos felices de padres humanos señalaban al mío porque en el barrio todos sabían que tú eres un maltratador. Y como todos ellos, un hombre débil. Una alimaña.
Un cabrón.
Maru (intentando crear conciencia sobre la violencia contra la mujer)

viernes, 17 de agosto de 2007

¿Será.....?


Con ansiedad en cada poro
con sed de tu mirada.
Embriagándome de cariño,
inundándome de pasión.
Dime pronto, tonto destino
si es para él mi corazón.
Maru 2003

jueves, 16 de agosto de 2007

Para ti....


Parece que estás mejor ¿no?
ahora tienes una linda sonrisa.
Sonríe cuando te diviertas,
enfádate cuando te enfades,
y llora todo lo que tengas que llorar
cuando tengas ganas.

Después de llorar te sientes mejor
¿lo sabías?
Serás capaz de sonreír de nuevo.
Te haces más daño cuando mantienes
el dolor dentro y te fuerzas a sonreír.
O al menos, eso es lo que dicen...
¿o me equivoco?.
Maru 2004

jueves, 1 de marzo de 2007

4 de la mañana....


4 de la mañana y él con las manos entumidas, saltando un poco para poder entrar en calor; 4 de la mañana y él aún en el paradero; 4 de la mañana y aún no sabe muy bien qué va a ser de su vida.

4 de la mañana y alguien llora, allá en el paradero.

Maru 2005 (Para Alex)

lunes, 26 de febrero de 2007

La piel de Dios...




Tengo el corazón apretado. Duro. Abrumado. No me decidía a escribirte por no querer contagiarte con mi pena. Sin embargo, en tu carta me reprendes por el largo silencio y con ternura me recuerdas que en el amor también se comparten las amarguras.
Tengo los hombros firmes, me dices, y entre los dos la carga será más liviana. “Si de verdad me amas, me permitirás entrar en tu desgracia y acompañarte en estos momentos de fragilidad”.
No puedo con tus argumentos, y me desnudo.
Tomo papel y lápiz y te escribo, tocando fondo en mi desolación.
El dolor me tiene paralizada, ni siquiera atino a gritar. Repaso mentalmente una y mil formas de enfrentar este golpe. Golpe inesperado. Golpe-mordisco. Golpe que hace tambalear mi fe y mis certezas.
Me falta el aire. Como pez arrancado del agua, boqueo desesperada.
Te pregunto lo que opinas, cómo ves la situación. Y por respuesta me mandas callar: Ya habrá tiempo para discutir el asunto. Por ahora, acepta la invitación de ese loco iluminado poeta, cuya lectura tantas veces hemos compartido y date permiso para llorar.
“Llorar a lágrima viva. Llorar a chorros. Llorar de amabilidad y de amarillo. Abrir las cañerías, las compuertas del llanto. Empaparnos el alma, la camiseta. Inundar las veredas y los paseos, y salvarnos, a nado, de nuestro llanto”.
Hundo la cara en tu carta, en ese magnífico pañuelo que me ofreces desde la distancia y te obedezco, y lloro con todo el cuerpo.
Y ocurre algo misterioso. Parece mentira, pero al llorar, la pena es menos pena; como si se fuera diluyendo en el agua que derramo.
El sollozo va cediendo poco a poco y la esperanza, que creía perdida, va despertando como un gatito después de la siesta.
Tengo mucho por andar.
Lentamente retomo mis pasos.
Lentamente, con tu ayuda, me recobro.
Y con gozo comprendo, como en una súbita iluminación, por qué los indios chiriguanos, del pueblo guaraní, llaman de modo tan curioso al papel. Como éste puede llevar mensajes a los amigos que están lejos, lo llamaron la piel de Dios.
Nunca antes, algo me resultó tan evidente.
Tu carta, un mensaje de consuelo.
Tu carta, un mensaje de que en la distancia estás conmigo.


Desconozco el autor

La invitación



No me interesa saber cómo te ganas la vida.
Quiero saber lo que ansías, y si te atreves a soñar con encontrar lo que tu corazón anhela.
No me interesa tu edad.

Quiero saber si te arriesgarías a parecer un tonto por amor, por tus sueños, por la aventura de estar vivo.
No me interesa qué planetas están en cuadratura con tu Luna.

Quiero saber si has llegado al centro de tu propia tristeza, si las traiciones de la vida te han abierto o si te has marchitado y cerrado por miedo a nuevos dolores.
Quiero saber si puedes vivir con el dolor, el mío o el tuyo, sin tratar de disimularlo, de atenuarlo ni de remediarlo.
Quiero saber si puedes experimentar con plenitud la alegría, la mía o la tuya, si puedes bailar con frenesí y dejar que el éxtasis te penetre hasta la punta de los dedos de los pies y las manos sin que tu prudencia nos llame a ser cuidadosos, a ser realistas, a recordar las limitaciones propias de nuestra condición humana.
No me interesa si lo que me cuentas es cierto.

Quiero saber si puedes decepcionar a otra persona para ser fiel a ti mismo; si podrías soportar la acusación de traición y no traicionar a tu propia alma; si eres capaz de ser leal y por lo tanto digno de confianza.
Quiero saber si puedes ver la belleza, aun cuando no sea agradable, cada día, y si puedes hacer que tu propia vida surja de su presencia.
Quiero saber si puedes vivir con el fracaso, el tuyo y el mío, y de pie a la orilla del lago gritarle a la plateada forma de la luna llena: “¡Sí!”.
No me interesa saber dónde vives ni cuánto dinero tienes.

Quiero saber si puedes levantarte después de una noche de aflicción y desesperanza, agotado y magullado hasta los huesos, y hacer lo que sea necesario para alimentar a tus hijos.
No me interesa a quién conoces ni cómo llegaste hasta aquí.

Quiero saber si te quedarás en el centro del fuego conmigo y no lo rehuirás.
No me interesa ni dónde ni cómo ni con quién estudiaste.

Quiero saber lo que te sostiene, desde el interior, cuando todo lo demás se derrumba.
Quiero saber si puedes estar solo contigo mismo y si en verdad aprecias tu propia compañía en los momentos de vacío.

Oriah Mountain Dreamer

jueves, 22 de febrero de 2007

Para un hombre desesperado....


Un día viniste hablándome de magia, hablando del silencio y recordando pasajes escondidos. Ahora te veo comparando valores, perdiéndote en el mundo exterior.
No sé hace cuánto te vengo diciendo que de los motores de la ciudad sólo podrás conseguir velocidad para andar; de la gente que conoces sólo obtendrás una fugaz alegría, una risa fingida y mucho remordimiento. No eres de ellos, no eres de nadie, no perteneces. Atado a la sociedad y atado al silencio, tus extremidades no son tiradas por ambos extremos, es tu mente la que se pierde en tirones, un día, un silencio, otro en sicodelia.
Los caballos con alas que esperaban no están en la conversación, no están en los espacios vacíos. Están en otro espacio, donde no existes si eres.
A partir de estas teorías, es que yo, voz interior y exterior, hija del conflicto interno y externo, te denomino ser humano, humanoide perfecto, con posibilidades de alcanzar la felicidad, con posibilidades de guardar silencio, con posibilidades de morir en tu laberinto.


viernes, 16 de febrero de 2007

Ana...

Mirando hacia la oscuridad o dentro de ella, Ana se preguntaba ¿hasta dónde y hasta cuándo decir no? Sentía que poner un mar o un metro de distancia era demasiado complicado y era una decisión de costos y de pérdidas y éstas han sido siempre tan dolorosas, tan grises y una carga muy pesada de llevar. Pero, permitir que todo lo propio se extraviara, que la sonrisa y su voz cantora se apagara era también un peligroso viaje al abismo.
Finalmente se quedó dormida y al comenzar la mañana, cuando la luz del día es más bien azul, se puso de pie, ordenó sus cosas... y decidió que le ponía punto final a esta etapa de su vida, para iniciar otra, para atreverse de nuevo y para intentar recuperar la libertad perdida, pero eso le generaba mucho miedo... y se fue buscando una historia que le permitiera decirse a sí misma que el cambio de ruta era posible y que aún no tenía un mapa que le ayudara a emprender nuevos pasos... sin culpas.

Una amiga de Ana, un poco loca y con afán de escritora, le decía que el tiempo y la distancia curan todas las heridas y, aunque era consciente de que era algo más que eso, no podía evitar pensar que Ana en su encuentro debía afrontar las dudas, las certezas, los encuentros y desencuentros, dejarlos fluir y dejarse ser.... la felicidad es una actitud y aunque no siempre resulta fácil asumirla, depende de lo que intentemos hacer y de las cosas que queramos ser...

- Ana, la felicidad no puede ni depende de si nos equivocamos en el camino de este arte que es vivir; depende de que amemos lo que tenemos, lo que es posible y también de amarnos a nosotras mismas...

Sin culpa Ana, sin culpa....


Maru - 1996 (Para Ana, en su afán de independencia... nunca supe si lo consiguió).