viernes, 22 de mayo de 2026

Un día como hoy: 66 años del megaterremoto de Valdivia







El 22 de mayo de 1960, Chile vivió una de las mayores catástrofes de su historia: un megaterremoto de magnitud 9,5 en la escala de Richter. Este ha sido el mayor terremoto registrado desde que se inventaron los instrumentos de medición sísmica, y se le conoce como el Gran Terremoto de Chile o el megaterremoto de Valdivia (yo no pensaba nacer todavía, pero mi hermano mayor(QPD) tenía un año y mi mamá estaba embarazada de seis meses de mi hermana).

Fue un fenómeno natural conocido como falla inversa: ocurre cuando una placa tectónica se hunde por debajo de otra, generando una fricción que sacude la tierra a lo largo de centenares de kilómetros. En este caso, la placa oceánica de Nazca se hundió bajo la placa continental Sudamericana, generando un megaterremoto a lo largo de toda la costa pacífica de América del Sur. 

El megaterremoto abrió la tierra, causó daños materiales incalculables y tuvo un impacto enorme en la economía chilena y en la demografía de la región, obligando a muchas personas a emigrar hacia otras zonas del país. Sorprendentemente, el cómputo de víctimas fue más bajo de lo que cabría esperar en un suceso de estas dimensiones: alrededor de 2.000 víctimas entre muertos y desaparecidos, una cifra muy inferior a otros eventos de menor intensidad, debida en parte a que la zona estaba poblada de forma dispersa y no había grandes edificios que pudieran derrumbarse con personas en su interior.

El megaterremoto de Valdivia también tuvo un impacto muy importante en la sismología, ya que aportó una gran cantidad de información científica útil para prevenir futuros desastres: desde la dinámica de ruptura y el deslizamiento de placas hasta la relación entre terremotos, tsunamis y vulcanismo.

En esta ocasión, el terremoto duró varios minutos (hasta 10 en algunas zonas) y tuvo dos efectos: en tierra la superficie se deformó, con levantamientos en algunas zonas, hundimientos en otras y desplazamientos masivos de tierra. En el océano, al deformarse bruscamente el lecho oceánico, el agua se propagó en forma de tsunami, con olas de más de 10 metros que golpearon la costa chilena y atravesaron todo el Pacífico, llegando hasta Hawái, Filipinas e incluso Japón.

El megaterremoto sucedió un día domingo; si hubiese ocurrido un día de semana la mitad de Valdivia habría fallecido, sobre todo porque habían muchas industrias en Valdivia.  Los techos se habrían venido abajo y con esas muertes no se sabe qué hubiese hecho el Gobierno para enterrarlas.

Dos días después del megaterremoto, el conjunto volcánico Cordón Caulle en los Andes entró en erupción, aunque al estar en un lugar remoto y poco habitado quedó en segundo plano respecto a los desastres provocados por el megaterremoto.

La violencia del sismo provocó grandes derrumbes en los cerros aledaños, cuyos escombros cayeron sobre el río San Pedro (el desagüe natural del lago Riñihue), creando tres gigantescos "tacos" de tierra y vegetación. El agua del lago quedó atrapada y comenzó a subir su nivel a razón de millones de metros cúbicos diarios. Se calculó que si el muro natural colapsaba de golpe, el aluvión resultante terminaría por hundir a Valdivia y a otras localidades ribereñas, sumando una tragedia aún mayor a la devastación recién ocurrida por el terremoto y el tsunami.

El Riñihuazo fue una emergencia provocada por el bloqueo del río San Pedro tras el megaterremoto  que embalsó el lago Riñihue. El inminente colapso de esta represa natural amenazó con arrasar Valdivia, pero se evitó gracias a la heroica "Operación Riñihue", donde cientos de personas cavaron canales a pala para vaciarlo de forma controlada.

Más allá de las cifras escalofriantes y los análisis geofísicos, la verdadera dimensión del megaterremoto de Valdivia reside en las experiencias de quienes lo vivieron. Los testimonios personales, esas memorias vivas de la catástrofe, ofrecen una comprensión más profunda, matizada y humana del evento. Son, como se ha señalado en estudios sobre la memoria, "una fuente inagotable que cabe rescatar y aprovechar para comprender y reconstruir sucesos del pasado que nos resultan de interés". Estas narrativas individuales permiten trascender la abstracción de los datos para conectar con el miedo, el dolor, la pérdida y la resiliencia de seres humanos enfrentados a una fuerza descomunal.

Aquí dos testimonios:

María Soledad Salas

Con solo ocho años en Valdivia, recuerda haber escuchado "ruidos raros" justo antes de que comenzara el primer remezón. "La camioneta se movía para todos lados, mientras mi papá intentaba sujetarse a ella" "La casa de mi tía también se movía de un lado al otro, era increíble. Lo mismo con los postes de luz". "La tierra se abría, vi mucha gente desaparecer en las grietas. Lo más terrible que vi, fue a un señor que tenía una enorme pared aplástandole la mitad del cuerpo y rogaba que lo mataran". Más tarde, presenció el colapso del hospital frente a su casa: "Los enfermos deambulaban por las calles, en bata. Era espantoso, la gente gritaba, se sentían sollozos y lamentos". Incluso vio a una mujer dando a luz en plena calle.

Alejandro Deschamps Droulans

En Corral, detalló que alrededor de las 16:10 horas "el mar comenzó a retirarse a toda velocidad, con un ruido impresionante, como de succión metálica". Un banco de arena emergió, causando pánico. Observó una segunda ola de aproximadamente 8 metros y una tercera aún más alta, de entre 10 y 11 metros, que completó la destrucción. Vio pescadores perecer en sus barcas.


Saludos



martes, 12 de mayo de 2026

Lo vivido

 

En el futuro, si tengo nietos (parece que no), les contaré que nací en la ciudad donde ocurrió el terremoto más grande de la historia de la humanidad (Valdivia, Chile); que crecí en una dictadura brutal, y viví el tránsito a la democracia sin revolución; que viví dos megaterremotos, uno con tsunami que hizo bolsa la costa de dos regiones; que vi el rescate inédito de 33 mineros que sobrevivieron meses bajo tierra; que tuvimos a la primera mujer presidente de la historia de Chile y Latinoamérica; que vi la erupción de los volcanes Calbuco y Chaitén; que vi a la selección de fútbol chilena ganarle dos copas históricas a Argentina; que también viví una revolución por causa de subir 30 pesos el pasaje del metro, en que el número de la gente que protestaba era dividida por 10 por las autoridades; que hubo una represión brutal por parte del ejército y policía que dejó muertos, mutilados, ciegos, torturados y abusados sexualmente. Y en medio de todo esto... llegó una pandemia global que nos obligó a escondernos en casa porque se propagaba por el aire; vi cómo los políticos quisieron seguir robándole al pueblo y cómo algunos valientes se la jugaron... Que tuvimos un presidente de 37 años.  Y que el 2026, el pueblo iluso le creyó a un ultrafascista y lo nombró Presidente, y que a los  dos meses la mayoría está arrepentido.  Que en enero del 2026 estuve al borde de la muerte.
Y seguro que se agregarán muchas cosas más con el tiempo y que me quedo corta...
Y mis nietos me mirarán y dirán:
¡Vaya la vieja mentirosa!
Saludos
Maru