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martes, 21 de febrero de 2017

De vuelta

Hola... como todo se acaba, también las vacaciones llegan a su fin.
Me fui (sola, pues Robin tenía que trabajar) a la parcela en Melipilla (cerca de Santiago)  Allí pasé 10 días de sol, calor, piscina y COMER, eso es lo terrible de las vacaciones.
La pasé muy bien, con la familia, sin horarios, leyendo mucho y por supuesto, mucha piscina.
Acá ha llovido mucho, muchas tormentas, viento, lluvia, ufff, fue llegar a otro mundo, después del calor de allá.
Tanto, que me dio una crisis de fibromialgia terrible, recién estoy saliendo.
Además, con problemas de agua en la cocina, algo se rompió y el agua cae toda al departamento del primer piso, donde están desesperados sacando agua.  Nosotros dejamos de usar el lavaplatos y la lavadora, pero hay gente inconsciente que sigue ocupándolas y tirándole agua a los del primer piso. Qué poco solidarios.  Hoy empiezan los trabajos y espero terminen pronto, porque la ropa sucia se acumula, y además, el sábado llega Susana, mi amiga de Santiago con su pareja.  No es ninguna gracia tener problemas con el agua.  Menos mal que sólo es en la cocina y no en el baño. 
Por otro lado, poco que contar, Melissa sigue bien en Corea, estudiando el idioma, muy difícil.
Susi anda en un encuentro del Arco Iris o algo así cerca de aquí.  Está incomunicada, así que no sé cómo le habrá ido con tanta lluvia, ya que anda en carpa.
Mis padres tienen hija nueva, me desplazó.  Es una perrita maravillosa, una poodle toy.  Están contentos y les sirve de compañía.  Es muy inquieta e hiperactiva.  Se llama Felpa, un nombre poco común.
La penita es que a mi suegra se le murió su perrito regalón.  Un Yorkshire toy, como la Pelusa, sólo que ella es un poco más grande.  Una pena.  Mi suegra está muy triste.
Les dejo unas fotitos.

Mi hermana y cuñado con Felpa

 Yo en la piscina


Melissa y yo



Robin y yo con mis padres



Mamá y Felpita






Y mi querida Pelusa



Saludos a todos.  Que estén muy bien.
Maru



domingo, 23 de marzo de 2014

De animales...

 Después de nuestro gran dolor por la pérdida de nuestra amada Yorkshire Cuqui, y de decir que nunca más.... porque se sufre mucho ante una pérdida... aquí estamos... esperando a Pelusa.
Ella es hermanita de Cuqui, nació el 14 de febrero (bonita fecha) y estamos esperando a que esté lo suficientemente grande para separarla de su mamá.
Yo siempre he tenido perros y gatos, bueno, cuando era soltera, en una enorme casa donde vivía, en Santiago, siempre hubo perros grandes, de patio. Recuerdo a Lumpi, a Pichintún, a Mitzi y seguro alguno se me queda.
Después, cuando tuve mi propia casa, hubo perros también, también de patio. Recuerdo a Luli, que murió atropellada la primera vez que salió a la calle. Luego, Peluche, que se arrancó y nunca más apareció.  Y luego Mitzi, que era una loca rematada.  Recuerdo que cuando lograba meterse a la casa, se orinaba de pura contenta y costaba sacarla.  Era una mezcla de cooker con algo. 
Cuando nos mudamos a un departamento con mis hijas, tuvimos que dejársela a mi ex cuñado, quien tenía espacio donde cuidarla y tenerla (toda la familia es amante de los animales, por lo que sabíamos que iba a estar bien).
Y en esa casa, aparecieron los gatos.  Nunca me gustaron demasiado, pero fueron llegando y mis hijas los alimentaban y el resto ya se sabe.  Filomena, que tuvo gatitos, de los cuales Arnold se quedó con nosotras.  Josefina, que nunca logró que sus cachorros sobrevivieran.  Después, Murci, que fue la terapia de mi hija Melissa en un difícil momento.  Negro entero de ojos verdes, precioso... y Bruno.  
Arnold murió de leucemia, está enterrado en la casa que vendimos.
Mitzi murió hace poco, de viejita.
Murci murió el año pasado, de viejito, y mi hija adoptó a Brida.
Bruno, un gato plateado hermoso, bueno como el pan, se quiso hacer malabarista y cayó por una ventana en el departamento de Santiago.
Murci se deprimió sin su compañero, y adopté a Violeta.
Violeta vivió conmigo acá en Valdivia, en el otro departamento, pero lamentablemente mi marido es alérgico a los gatos y la tuve que mandar a Santiago.  Luego, mi hija Melissa se fue a vivir a Concepción y ahí está, feliz con Brida.
Y luego tuvimos a nuestra amada Cuqui, que nos dejó en febrero y que echamos tanto de menos.
Mi hija menor hace como 4 años, adoptó a Lorenzo Vicentico (sí, así se llama), un salchicha mal genio pero lindo y regalón. Y vive con ella en Santiago.
Y ahora esperando a nuestra Pelusa, de quien esperamos nos alborote la paz de ser sólo mi marido y yo.  Que nos saque de la rutina, que nos ame y nosotros amarla y cuidarla mucho.
Y así termina mi relato animalístico de hoy.
Cariños, Maru

Lorenzo Vicentico

Nuestra amada Cuqui

Violeta

Brida