
Cuando yo tenía trabajo (jaja, qué raro suena), siempre fui de la opinión de que uno no debía intimar con los compañeros, porque se prestaba para situaciones poco gratas muchas veces, léase pelambres, cahuines y estocadas por la espalda.
Y sé que en algunas partes es así.
Pero hoy me llamó un amigo que no trabajaba en mi empresa pero sí tenía mucha relación con ella porque manejaba todos los seguros de todo tipo y, además, es agente de viajes, así que también eso lo veíamos con él.
Y de tantos años, agarramos confianza y cariño.
Hace poquito me envió la foto de su hijo Nicolás, recién nacido, precioso.
Y hablando hoy, me dijo que tenía un paquete baratísimo para Florianópolis y que me merecía unas buenas vacaciones para cargar las pilas y lanzarme con energía a buscar trabajo. Me gustó la idea y le dije que me mandara la información, en una de ésas dejo todo tirado y me voy a relajar a los Brasiles con las niñas a unas superhiper merecidas vacaciones.
Y me di cuenta de que uno sí puede dejar amigos en su ex trabajo. Yo dejé varios, y hasta ahora me doy cuenta, por sus mails, llamadas, etc. de que éramos realmente amigos y no sólo compañeros de trabajo.
Y eso me pone muy contenta.
Gracias amigos, por estar conmigo en las buenas y en las malas.
No los nombro, pero ustedes tienen claro quiénes son.
Espero que no me olviden demasiado pronto.
Maru