viernes, 4 de julio de 2014

Cuando se escapa el monstruo de nuestra sombra


Este escrito no es mío, pero lo encontré tan interesante que quise compartirlo con ustedes.  Ojalá les haga pensar un poco.

Muchos adultos arrastramos carencias de nuestra infancia. A algunos nos gritaron, a otros, nos pegaron, nos castigaron, nos ningunearon. Unos cuantos creímos las dolorosas palabras que nos dedicaban y crecimos sin amarnos, sin respetarnos, sin valorarnos. Muchos no fuimos escuchados, comprendidos, acompañados desde el respeto y la empatía que los niños necesitan.
Para sobrevivir a estas carencias, de niños, incluso de bebés, elaboramos estrategias que nos ayudaron a sobrellevar el día a día, a superar los momentos de crisis de la forma menos dolorosa posible, a cerrar los ojos ante el desamor que estábamos sufriendo. Estrategias, las más, dañinas para nosotros, que nos sirvieron en aquellos momentos para sobrevivir, pero que se han ido repitiendo a lo largo de nuestra vida, incluso, en nuestra edad adulta, y hoy en día, suponen un freno en nuestras vidas.
Algunos, ante los gritos, callamos, otros, ante los golpes, nos replegamos, ante los insultos, asentimos: seguro que éramos como los adultos nos describían. La mayoría, ante tanto dolor, tanta injusticia y soledad, creamos un espacio en nuestro interior donde ocultar (también a nosotros mismos) nuestro enfado, nuestra vergüenza, nuestros peores recuerdos, nuestras emociones más lacerantes y dañinas.
Este espacio es el que denominamos nuestra sombra.
¿Cómo admitir que papá me castigaba y era cruel conmigo? Escondiéndolo en ese armario de terrorífica realidad llamado sombra.
¿Cómo pensar con siete años que mi mamá me deja solo para irse con sus amigas? Abriendo un cajón del armario, escondiendo la verdad y elaborando una excusa que nos susurraba al oído (y aún hoy lo hace) que mamá lo hacía porque me lo merecía, porque era malo y no podía más conmigo.
¿Cómo disculpar los malos tratos recibidos? Justificándolos, nos pegaban por nuestro bien. Los cachetes han servido para hacer de mí la persona que soy. No me ha ido tan mal me digo a mi mism@.
Crecemos, maduramos, arrastramos nuestras carencias, escondemos el dolor y la pena en nuestra oculta y silencios sombra, tenemos hijos y un día, la tensión, el cansancio, el enfado, la incomprensión, hacen que desde lo más recóndito de nuestro ser se escape un monstruo cruel y desbocado. La sombra toma vida propia, se apodera de la persona que pensamos que somos y nos muestra una verdad negada que nos avergüenza y nos choca. El monstruo nos posee: gritamos, insultamos, humillamos, descargamos nuestra ira, nos convertimos en una persona que no reconocemos y sin embargo, somos nosotros.
¿Qué podemos hacer? Percatarnos de que está ahí, de que existe, de que tenemos una sombra al acecho. Si la reconocemos, si nos concienciamos, si nos enfrentamos a ella, la asumimos y la aceptamos, podemos buscar herramientas para evitar que ese monstruo salga desbocado y se cuelgue no sólo de nuestra mochila, sino también, de la de nuestros hijos.
No digo que sea algo fácil, ni rápido, pero se puede hacer.

Texto: Elena Mayorga

Maru

4 comentarios:

  1. Gracias por compartirnos esta publicación, en verdad dice mucho de la realidad que muchos hemos vivido, si no por unas cosas sí por otras y aunque no resulte algo fácil deshacerse de esa mochila, también creo que no es un imposible, por que a cada día que pasa esta se hace más pesada y difícil de llevar. Ojalá esa sombra se escapase dejándonos liberados con nosotros mismos, como somos tal cual y sin acordarnos del por qué nos juzgaron por esto o aquello, o por qué nos veían así o asá, sino simplemente ser como somos.

    FELIZ DOMINGO!!!!!

    BESITOS!

    ResponderEliminar
  2. Paldies par mana bloga apciemošanu un labajiem vārdiem! Lai tev arī prieks strādāt rokdarbus!
    Rita no Latvijas sveicina

    ResponderEliminar
  3. Me ha gustado mucho. Muy interesante.

    Un beso

    ResponderEliminar
  4. Hola Maru!!!muy lindo post, todos tenemos alguna mochila, doy gracias a Dios que tube unos padres amorosos y nunca me pasaron la mochila de la vida de trabajo y mucho sacrificio que llevaron, lo importante es no tirarle responsabilidades al otro cargando un peso que es mio. Yo no tengo paciencia ni vista para hacer esos bordados, te admiro por lo valiente, me encnata cuando te propones hacer algo, aunque luego veas que no puedes seguirlo, te sacas el gusto y a otra cosa, no te compliques la vida, disfruta el dia y se feliz junto a tu esposo y a la perrita que por cierto esta creciendo mas!!!!! Un abrazo.

    ResponderEliminar

El alma se alimenta de palabras, y tus palabras son muy importantes para mí. Déjame algunas y seré muy feliz.