miércoles, 11 de abril de 2007

Deja que la vida fluya...


Es fácil decirlo pero no practicarlo. Todos tenemos los brazos cortos cuando intentamos manipular la vida como más nos conviene.
La vida tiene su ritmo y nosotros el nuestro. Ambos estamos pensados para coexistir en armonía, para que cuando nosotros hagamos lo que nos corresponda o dejemos que ella transcurra, nuestro premio sea la aceptación y la serenidad. Se supone que sabemos lo que queremos y trabajamos para conseguirlo, pero pronto nos veremos recluidos en el geriátrico si creemos que es posible controlar los matices, los desvíos y el ritmo de la vida. Hasta el desenlace final está fuera de nuestro alcance, y eso no es necesariamente algo malo. De hecho, lo que queremos podría meternos en montones de problemas, o privarnos de algo mejor o de aprender alguna verdad que hemos esperado descubrir toda una vida.
Tal vez recuerdes el mantra de los hippies: "sigue la corriente". Tenían razón. Si te obsesionas con la manera en que marchan las cosas sólo consigues preocuparte, y luchar contracorriente te agota. En vez de eso, mira desde cierta distancia, como un observador neutral, los giros y las vueltas que da la vida, mientras pones un pie tras otro y te ocupas de lo que tienes delante. Cuando no te interpones en el camino de la vida, ésta hace todo lo posible por ayudarte.

2 comentarios:

  1. Uyys,

    antes yo quería cambiar las cosas, que fueran distintas, por supuesto siempre a mi conveniencia. Hasta que aprendí con un tremendo golpe que las cosas no funcionan así y que incluso eso que parece estar funcionando tan bien, puede derrumbarse en tu propia cara y no pudiste hacer nada por evitarlo, mucho menos adivinar lo que vendría.
    Ahora ya sé que no puedo ni debo cambiar nada de nada, ni lo bueno, ni lo malo. También aprendí que todo tiene un tiempo, las cosas malas afortunadamente pasan y nos dejan enseñanzas a largo plazo, pero también las buenas pasan y se alejan, por eso siento que esas hay que disfrutarlas ahora y ya, cuando están ocurriendo por que luego sólo serán un hermoso recuerdo.
    Lo que no he aprendido aún o mejor dicho, aún no logro manejar, es la tremenda angustia que me come cuando hay que ser paciente y esperar por algo.. eso me enferma, prefiero saber ahora mismo si será bueno o será malo, no importa como sea, sólo quiero saberlo y no tener que esperar jajaja. Ya aprenderé.

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  2. Todos tenemos lecciones que aprender en esta vida. En eso consiste el vivir: aprender cada día.
    Aprender a ser pacientes, aprender que las cosas no las podemos cambiar, aprender que cada mal trago tiene algo dulce por detrás, aprender a confiar en la gente, aprender a no enfadarnos por cosas que no tienen mayor trascendencia, aprender a vivir en paz y dejar vivir en paz.
    Los malos tragos nos van a venir, queramos o no; van a ser inevitables. Si eso sabemos que es así, aprendamos a ver que tras lo malo llegará lo bueno.
    Hace unos meses tuve que tomar una decisión dura, muy dura. Pero tras esa decisión, ese dolor, esa angustia han venido días de tranquilidad, de serenidad, de paz interior que me han permitido ver que ese mal trago tan solo era un paso hacia una calma interior que me permite hacer frente a otros tragos que sé me vendrán.
    Pero eso es para otro momento. Ahora me toca disfrutar de mis hijos, de la lucidez de mi madre, de los enfados con mi marido o simplemente del placer de escribir a una amiga muy querida.

    Tu Pececito

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El alma se alimenta de palabras, y tus palabras son muy importantes para mí. Déjame algunas y seré muy feliz.