martes, 3 de marzo de 2026

Niñez



Yo también tuve 4 años.  

Crecer fue aprender que el mismo sol que iluminaba las tardes de juego, me podía quemar si me quedaba mucho tiempo en él.

Mi niñez no fue una línea recta llena de alegrías, sino un tejido de hilos de seda y cordeles ásperos; una mezcla dulce y amarga que terminó por bordar quién soy hoy.

El amor de mi padre era como una habitación con el techo muy bajo:  podía estar a salvo del frío, pero nunca podía ponerme de pie por completo.

Mis emociones siempre fueron reprimidas:  frases como "cállate y escucha" o "aquí se hace lo que yo digo" me enseñaron que mis sentimientos eran un estorbo para el orden establecido.

Para la mayoría, derramar un vaso de leche es un accidente.  Para mí, el error no se corregía, se castigaba.

Crecer así fue  como caminar siempre sobre una capa de hielo muy fina:  nunca sabes qué paso será el que la rompa.
Es crecer en un estado de alerta permanente.

Hoy, que soy adulta e independiente, me doy cuenta de que pensaba que al padre hay que quererlo sólo por el hecho de serlo.  Pero ahora sé que el cariño y el respeto hay que ganárselo.  Y mi padre no lo hizo.

Hoy, viejo como está, no cesa en sus reproches, insultos y enojos sin justificación.  No vivo con él, pero cuando visito a mi madre (que es por lo que voy), me doy cuenta de que no ha cambiado ni lo hará, porque cree que siendo así tiene el poder sobre mí.

Pero lo bueno de todo esto, es que no es así.  Ya no puede hacerme daño y, aunque me costó, hoy vivo en paz.  Hoy me elijo en primer lugar.  Hoy soy lo que quiero ser.  Hoy no transo mi salud mental.

Hoy, que estoy a punto de cumplir un año más, he cortado relaciones, como dije, por mi salud mental.

No soy desagradecida con lo bueno que me otorgó: estabilidad económica y  educación, donde más me exigía.  Eso me hizo una mujer autónoma, profesional y culta.  Pero no recomiendo los métodos, el miedo no es forma de educar.  

Yo elegí no seguir el patrón con mis hijas, que igualmente son educadas, profesionales y cultas.  E infinitamente más felices.

(Un desahogo por el último desagravio que sufrí por su parte)


1 comentario:

  1. Siento que tuvieras que pasar por eso. Lo nío fue màs bien un desprecio intelectual pero también duele. Un beso

    ResponderBorrar

El alma se alimenta de palabras, y tus palabras son muy importantes para mí. Déjame algunas y seré muy feliz.