lunes, 19 de mayo de 2008

Cuando éramos pequeños.....

Nuestras tareas consistían en soñar, imaginar, garabatear, dibujar y moldear en arcilla figuras extrañas, colorear con acuarela, apilar cubos de madera que, sobrepuestos, se transformaban en casas, puentes, edificios o castillos.
Ese entrelazamiento de tacto, vista e imaginación organizaba mi mundo interior
Al hacerlo adquiría una cierta distancia relacional: yo era yo, mis padres mis padres, la niñera la niñera; los árboles de las calles, cosas que tenían una forma diferente de la mía; los pájaros hablaban lenguajes que sólo ellos entendían; los dragones, brujas y duendes que llenaban mi imaginario no eran personas como mis padres, ni cosas como los paralelepípedos que empedraban las calles del barrio, sino entidades espirituales, como Dios y los ángeles, que yo veneraba y con quienes mantenía una relación de temor, reverencia y admiración.
Lo mejor de la infancia es el misterio.
Ese misterio que llena al niño con una fuerza imponderable, superior a todas las realidades sensibles. El misterio seduce y, tejido a base de encantos, asusta o atrae porque no muestra el rostro ni pronuncia su propio nombre.
Los adultos deben mantenerse a distancia cuando el niño se encuentra sumergido en su universo libre de las amarras del tiempo y del espacio. Todo flota dentro de él, gracias a la ausencia de gravedad que lo caracteriza.
Privar al niño de sumergirse en el misterio, del ocio adormecedor, del tiempo en que todavía ni sueña con crecer -sea por la penuria material, por el peso aplastante de la racionalidad, por el trabajo precoz o por exceso de mirar la televisión, que le roba los sueños- es amputarle la infancia.
A la sonrisa le sucede el amargor de quien ya no logra mirar la vida como maravilla -dentro y fuera de sí.
Aflora la inseguridad, denunciando carencias y volviéndolos vulnerables a los sueños, ya que les fue negado lo mejor de la infancia: sentirse un ser amado.
Educa al niño hoy y no tendrás que castigar al adulto del mañana.
Ellos merecen más que esto.
Empieza por tu alrededor...

Sacado de una ONG de América Latina

4 comentarios:

  1. Un texto precioso Maru, con verdades como templos. Personalmente pienso que no debemos matar al niñ@ que llevamos dentro y cual el motivo para no dejarlo salir de vez en cuando? aunque la vida sea dura y por momentos nos aplaste, ese niño nos regenera con el mundo, duro, cruel por momentos, su luz, la alegría, la imaginación, el poder de admiración, por la cosa más ínfima, ese mundo etereo, que nombras, todo lo que engloba la niñez. Del moldeo, que formará al hombre o mujer del mañana, nada digo, se pasó de la dictadura a la permisividad. Un abrazo.

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  2. Oh cuantas verdades , si al recordar la infancia sabe uno las grandes aventuras que dejo atras, pero claro que al ver a mi hija de nueva cuenta abrirse camino en su mundo me fascina poder ser parte de ello.

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  3. Magnífico texto. Lo peor de todo es que los misterios siguen existiendo cuando crecemos, sólo que entonces no sabemos verlos, o no queremos, por temor a la inseguridad que les suponemos.
    Privar a un niño del uso de la imaginación es amputarle media vida, pero lo mismo ocurre con los adultos; la gran mayoría sólo vivimos una ilusión.
    Un gran beso.

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  4. Muy lindo lo que has escrito ..pero no olvedes que por siempre tenemosque salvar al niño quellevamos dentro y no dejarlo partir ..pues asi no perderemos la capacidad de asombro ...la ilusion ,la esperanza ...pues asi ese niño que todos tenemos dentro nos llenara en los momentos duros y gracias a ese niño encontremos la alegria ....y el consejo para seguir ....dejate guiar por el ..

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El alma se alimenta de palabras, y tus palabras son muy importantes para mí. Déjame algunas y seré muy feliz.